Operaciones encubiertas ¿Con o sin papel de fumar? El caso de Eichmann.

Adolf Eichmann en su celda durante el juicio en Jerusalem

Hoy toca una historia a cuenta de que el ex juez de la Suprema Corte Israelí, Moshé Landau, murió el pasado domingo (obituario) a la edad de 99 años y fue sepultado el lunes en Jerusalén. ¿Quién era este tío y que pinta en este blog? Bueno, sobre quién es ya tienes una idea si has echado un ojo a los enlaces suministrados: un prestigioso juez en Israel, entre otras cosas por ser el encargado de juzgar a Adolf Eichmann, uno de los responsables directos de la solución final, que en líneas generales consistía en la liquidación sistemática de la población judía en Europa, aprovechando la segunda guerra mundial, en fin, el mayor genocidio de la historia de la humanidad (o uno de ellos).

Y ahí entra la segunda parte de la pregunta anterior, el porqué traigo esto aquí y ahora. Y la respuesta está relacionada con la eliminación de Ben Laden el otro día a cargo de los servicios especiales norteamericanos (SEALS), y el debate sobre la necesidad o no de cogérsela con papel de fumar en este caso particular, el caso de un confeso asesino indiscriminado de masas, que ha dedicado gran parte de su vida a sembrar el odio y el racismo hacia el mundo occidental, que a fin de cuentas, y con todas sus limitaciones, es el mio y seguramente el tuyo.

Voy a relatar una de las operaciones más famosas de la inteligencia israelí (sí, el Mossad), cuando se detuvo, interrogó, secuestró y trasladó a Tel Aviv al genocida Eichmann, que fue juzgado por el fallecido juez Landau y sentenciado a la horca. El relato está basado en un libro que me prestaron en una de mis estancias en Israel (creo que en 2002), y que de paso aprovecho para recomendar vivamente, se trata de Mossad: La historia secreta de Gordon Thomas, donde relata más o menos cronológicamente la historia de los servicios secretos israelís a partir de un montón de entrevistas con los protagonistas de las historias que describe. Entre esas historias se encuentra La operación Garibaldi, que fue dirigida y ejecutada por Rafael Eitan, personaje que ya ha aparecido en este blog, debido a que, ya jubilado de sus quehaceres en el ejército, era el jefe de seguridad en la obra en la que yo trabajaba, y en la que a la postre encontró su muerte tal como relato en esa entrada anterior. El día que me lo presentaron, recuerdo que estreché su mano y me estuvo doliendo todo el santo día. Un tipo sin estudios, pero con una inteligencia natural más que destacable.

Según el libro, y escribo de memoria porque era prestado y fue devuelto a su dueño una vez devorado, parece ser, que una vez localizado el genocida en Argentina bajo una identidad falsa (trabajaba y vivía humildemente en Buenos Aires), y certificada su identidad tras varias discretas operaciones, se infiltraron el mencionado Rafael y otros dos agentes del Mossad en una misión diplomática del relativamente reciente Estado de Israel, sin que ni siquiera el ministro de asuntos exteriores estuviera al corriente de la operación. Fueron a su domicilio (en la calle Garibaldi, de ahí el nombre de la operación) esperaron que llegara, lo secuestraron y se lo llevaron a un piso franco que tenían preparado y le interrogaron hasta que confesó lo que por otra parte ya sabían los agentes, era Karl Adolf Eichmann, Teniente Coronel de las SS, y uno de los principales promotores de la mencionada solución final, que había conseguido escapar habilidosamente de la custodia Estadounidense y por tanto de los Juicios de Núremberg.

Una vez confeso y firmada una declaración sobre quien era, se le dió a beber una botella de wishky, y otra más se la echaron por encima los propios agentes, justo antes de dirigirse al aeropuerto donde estaba el avión del cortejo diplomático. Haciéndose pasar por borrachos que volvían antes de tiempo de una fiesta en la embajada de Israel en Buenos Aíres, se subieron los cuatro al avión, lo hicieron despegar y pusieron rumbo a Tel Aviv sin pensárselo dos veces. Y toda la delegación diplomática en tierra con un palmo de narices.

Luego tras un largo y controvertido juicio que duro más de un año, fue condenado “a morir desnudo en la horca por crímenes contra la Humanidad“. El día de la ejecución de la sentencia, en mayo de 1962, Rafael Eitan (Raful para los amigos) estaba puntual en el patíbulo para ver la ejecución en primera fila. El libro de Gordon Thomas, cuenta que se produjo un breve intercambio de palabras entre Raful y Adolf, este fue algo parecido a esto:

Adolf: “Algún día, judío, me acompañarás en el infierno”

Raful: “Sí, seguramente, pero no será hoy, no hoy”

Y esta es la historia que quería contar, que me ha venido a la cabeza por la coincidencia de la muerte del magistrado que juzgó a Eichmann, la muerte de Osama Bin Laden, y tras haber oído muchas opiniones a favor y en contra del uso del papel de fumar para cogérsela ante probados genocidas… en fin un debate sin duda controvertido, como el que mantuvimos unos cuantos lectores en Plaza Moyua (–>), y en el que yo soy de la opinión, de que en casos como los dos psicópatas citados, se puede y se debe dejar el papel de fumar aparte y actuar de la manera que las circunstancias permitan, aunque para ello haya que saltarse excepcionalmente una o dos (o tres o cuatro) normas internacionales de Fair Play, que desde luego ellos nunca usaron.

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