Indignaditos, indignados, indignantes e indignables

Cuando escribí el primer artículo sobre este tema, El perroflautista de Hamelín, en donde ya me barruntaba la dimensión intelectual del movimiento, no sospechaba yo que dicho movimiento iba a extenderse más allá de las elecciones. Pero el caso es que efectivamente la iniciativa se enquistó, y decidí hacer una excursión periodística para comprobar por mi mismo lo que quedaba más que claro simplemente estando atento al ruido de Internet. El caso es que el resultado de dicha excursión fue un reportaje gráfico que quedó reflejado en una entrada de hace unos días, Acampada Sol (y sombra), cuya visita recomiendo porque resulta muy representativa, tanto por las fotos (resumen del ambiente general), como por los vídeos (muestras del elaborado discurso), de la idiosincrasia de las personas que se han auto-atribuido el carácter de indignados.

Tampoco sospechaba yo que iba a sentarme a escribir una tercera entrada en No Me Seas Progre, pero lo cierto es que vistas las artificiales controversias que leo por todos lados, me ha parecido que qué mejor sitio para exponer lo que pienso que mi propia casa. Pues ea! allá que vamos.

Después de que las diferentes plataformas que inicialmente fueron germen de este movimiento, salieran huyendo como de la peste de las plazas y de lo que allí se veía (y oía, y olía), la marca que ha quedado para este movimiento ha sido el movimiento de los indignados, pero… ¿indignados porqué? A juzgar por lo que he leído aquí y allá, y he visto con mis ojos, esta gente esta indignada por cosas tan peregrinas como la liberación de “todos” los animales, el uso de los “venenosos” transgénicos, la falta de amorcracia, o el lenguaje sexista, para el cual además ofrecen/exigen una elegante solución:

Propuesta anti-lenguaje sexista (vía Liberta Digital)

Y hay gente que pretende convencernos de que esta gente son indignados. Pues no cuela. Esta gente son más bien indignantes (porque a lo más que llegan es a indignar a cualquier persona con dos o más dedos de frente) e indignables (porque dado su calado intelectual lo único que cabe es que se indignen ante cualquier postura política lógica que la propia sociedad decida), pero jamás se les puede llamar indignados, dado que sólo se indignan por gilipolleces.

Pero no nos podemos quedar ahí, porque esta gente no son ni siquiera mayoría en la Puerta del Sol, aunque posiblemente sí lo sean entre los acampados. Luego están las asambleas, tanto la gente que las organiza, como las que participan activamente moviendo las manitas, y como no, los que realizan ponencias que harían parecer a Winston Churchill un vendedor de crece-pelo,  por ejemplo esta en la que un iluminado nos explica que el poder está en el pueblo y que esto (el movimiento de los indignados) es grande, muy muy grande:

Y a este segundo grupo, un peldaño por encima de los anteriores, yo los llamo indignaditos, porque no saben muy bien que les indigna, y aún menos que se puede hacer para luchar contra aquellos problemas que no son capaces diagnosticar, más allá de los lugares comunes de la izquierda adolescente: no al capitalismo, no a los banqueros, no a los políticos, no a los empresarios, no al liberalismo y en resumidas cuentas no a todo. Y todavía hay gente que pretende que esta gente me representan a mi o a una parte considerable de la sociedad, ni de coña, no cuela.

Hay un tercer grupo, más serio, más instruido, y más numeroso aunque permanezca en la sombra, y a esto los podríamos llamar los indignados de izquierda. Estos no están en las plazas, están pegados a sus portátiles y se afanan a tiempo completo 24/7, a desfacer los entuertos que sus camaradas rasos (indignaditos e indignantes o indignables) intentando darle al “todo” un barniz intelectual y conciliador, y que incluso son capaces de consensuar un documento de mínimos de tres puntos que mucha gente viene reclamando hace muchos años, y sobre todo en estos últimos zapateriles:

  • Democracia participativa.
  • Transparencia política.
  • Reforma de la ley electoral.

Y otros tres con amplia mayoría:

  • Eliminación de los privilegios de la clase política.
  • Control sobre las entidades bancarias.
  • Separación efectiva de poderes legislativo, ejecutivo, judicial.

En fin se puede ver que el “consenso de mínimos” tiene mucho de aurora boreal, demagogia barata, obviedades de facultad y poco del pragmatismo tan necesario para abordar una crisis económica, institucional, política y moral como la que nos ahoga, y muy especialmente, y aunque les joda, desde el advenimiento de Zapatero y sus mariachis, lo cual parece que se considera irrelevante en todas estas “revoluciones ciudadanas”.  Y eso no quiere decir que no se puedan suscribir todas esas “novedosas” ideas, yo ya las hubiera suscrito hace cinco años, o diez. Pero no me vale, o mejor dicho, no me despista, de exigir también responsabilidades a los últimos gobiernos que han empeorado en un factor de 10 todos los parámetros que ahora unos pocos quieren arreglar a golpe de flauta.

Y ahí entra el último grupo de indignados, los indignados mucho antes de las elecciones y muchos antes de la ley Sinde. Somos los indignados con el comportamiento del PSOE durante el atentado de Atocha y los días siguientes, los indignados con la mediocridad y la inoperancia de los sucesivos gobiernos socialistas, los indignados con el ridículo internacional de España y con el consiguiente descrédito mundial de nuestro país, los indignados con el sectarismo cuasi-fascista de la izquierda progresista de este país causa y origen del revanchismo reinante, los indignados con las sucesivas bajadas de pantalones ante los nacionalismos centrífugos de nuestro país, los indignados con la vuelta de ETA a los ayuntamientos de los que habían sido expulsados hace años, los indignados del comportamiento del gobierno con las víctimas de ETA, los indignados con la propaganda Goebbeliana perenne del PSOE, los indignados con el uso y abuso de los servicios del estado por el partido en el gobierno, los indignados por el continuo espoleo hacia empresarios y autónomos, los indignados que tienen negocios en la Puerta del Sol (y otras plazas) que llevan un mes con los ingresos reducidos en un alto porcentaje entre otras cosa porque el gobierno no quiere actuar contra elementos que consideran más afines que problemáticos hacia sus intereses electorales, los indignados porque se quieran diluir todas las responsabilidades anteriores en un todo global de la “política en general”.

Y ahora, siendo honest*, y a la vista del resultado de las últimas elecciones, de los comentarios que se oyen a pie de calle, de la actitud “elimina pruebas” de los concejales del PSOE desalojados del poder en las urnas, propia de los Entremeses de Cervantes, y utilizando solo el criterio propio ¿Quiénes son los indignados?, o mejor dicho ¿Quiénes están más indignados? ¿Y cuáles de ellos son mayoría y por tanto más representativos de la indignación popular? Son preguntas retóricas para las cuales, creo, todos tenemos ya la respuesta. Por si acaso, y aprovechando las maravillas de wordpress, aquí os dejo una encuesta, en la que además se puede repetir el voto (por si os queréis ensañar).

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