El extraño debate: Cesar Vidal vs Pío Moa vs Franco


Nota del editor.

El único y afortunadamente irrepetible Hilarión, disecciona el “extraño debate” que se ha producido días atrás entre el presunto historiador Cesar Vidal y el verificado ex-GRAPO Pío Moa. Sin ánimo de agotar el tema, los hechos son los siguientes:

El extraño debate

El anfitrión de este blog me ha invitado o me ha liado (todavía no lo sé) [las dos cosas Hila], a echar aquí mi cuarto a espadas sobre el extraño debate desarrollado estos días entre César Vidal y Pío Moa, colaboradores ambos de Libertad Digital (LD), a cuenta del franquismo. Lo haré desde el punto de vista del paciente lector, sin entrar en vericuetos de la historiología que me caen grandes. El que tenga interés puede leer la controversia en LD.

[Concrétamente aquí:

Blog de Pío Moa en LD: Tercera respuesta a César Vidal (I) / El colmo de la abyección política (–>); (II) Errores metodológicos de César Vidal / Opiniones de liberales sobre Franco (–>); (y III) Errores de hecho de César Vidal / ¿Años perdidos, los 40 y 50? (–>); Asesinato de Carrero / La extrema derecha y la transición / Liberalismo y realidad histórica (–>);

Cesar Vidal responde en LD: Primera acotación a Pío Moa (–>); Segunda acotación a Pío Moa (–>); Tercera acotación a Pío Moa (–>); Moa, me decepciona (–>)]

El asunto me dejó perplejo, porque uno creía haber visto de todo en los medios de comunicación, pero nos sorprenden cada día con una extravagancia nueva. Por poner el toro en suerte para el que no lo haya seguido, diré que el debate, aunque de tal tuvo poco, empezó cuando Pío Moa escribió un artículo cuya tesis era que el liberalismo debería estar agradecido con Franco, puesto que su dictadura creó las condiciones para que fuera posible una transición democrática sin sobresaltos. De que dichas condiciones se creasen con ese objetivo o no, no decía nada el artículo. Nos saltaremos las inmediatas réplicas de dos de las jóvenes plumas, de escribir, del periódico porque el lío se inició realmente en la Junta General de Accionistas de LD, en la que el dueño, vicepresidente, director de programas y factótum de la empresa, Jiménez Losantos, arremetió contra el pobre Pío y le amenazó sin nombrarle durante su discurso.

La continuación vino de la mano de otro peso pesado, nunca mejor dicho, de la empresa: el políglota, filólogo, erudito, jurista, teólogo, historiador, musicólogo, politólogo, periodista, humorista, y experto en arte César Vidal. Este propinó a los lectores cuatro artículos de los cuales solo ¡uno! estaba dedicado al tema debatido y tres a poner a Moa de chupa de domine, pues entre perlas tales como que le aburrían estos debates, o que no podía perder el tiempo en estas cosas (¡), nos presentaba al otrora laureado por él mismo, Pío Moa, como un pobre diablo, ignorante, falsario, fanático y autor de libritos de calidad ínfima. Y del franquismo ¿qué? Pues el único artículo de los cuatro que dedicó al tema, consistente en un bombardeo masivo de citas, se podía resumir en dos asertos:

 1. Franco no era liberal.

2. De los males de España desde el Imperio Romano tiene culpa la religión católica.

Llegué a la conclusión entonces de que aquello no era un debate sino una cacería, a la vista de que se dedicaba mucho más espacio a la descalificación personal que a la controversia. Esta además era bastante chusca y me recordaba los entrañables Diálogos para Besugos de los tebeos de mi infancia ya que lo que rebatían con tamaño ardor tanto Vidal como las jóvenes liebres que lanzaron el no-debate, que Franco era liberal (ver las otras negritas al principio), nunca fue dicho por Moa. En cuanto a la descalificación chocaban el tono y las palabras duras empleadas en desprestigiar a la persona, así como las trapacerías empleadas por LD contra Moa: mantener los artículos de Vidal perennemente en lugar destacado mientras sus réplicas desaparecían en los entresijos de la publicación, y ante la masiva protesta de los lectores en forma de comentarios adversos a los artículos de Vidal, censura de los mismos e incluso borrado de todos, aunque tras el clamor de las masas fueron repuestos al cabo de varias horas.

Y de aquí la perplejidad de la que hablé al principio. ¿Por qué contra un colaborador tan loado siempre en esa casa se desata de repente tal campaña y por decir algo sobre temas en los que Vidal y Jiménez Losantos en sus homilías han ido a menudo mucho más lejos? ¿Quieren que se vaya pero no quieren despedirle? ¿Por qué? ¿Andan tan bien las cosas en los medios como para desatar así la ira de los lectores, de los que al fin y al cabo viven, y a pesar de ello seguir con la campaña?

Están pasando muchas cosas en el mundo de la comunicación. Los grandes medios están con el agua al cuello y los pequeños, los de la tan cacareada “TDT party”, sencillamente están desapareciendo: unos cierran, otros van a cerrar, Intereconomía pide limosna y en LD convierten los programas en un mercadillo. La cosa está mal como para ponerse a enrabietar a los seguidores, a no ser… A no ser que haya perspectivas con el probable cambio de gobierno. Perspectivas de licencias nuevas, subvenciones encubiertas vía anuncios institucionales, etc.,… y haya que “hacer el viaje a la corrección política”. Porque últimamente en LD ni Soraya está alelada, ni Mariano durmiendo, Cospedal es una gran política y hasta Monago, casi cantando la Internacional, hace lo que debe hacer. Curioso ¿no? Si a este posible guiso le añadimos la salsa de los vértigos producidos por la levitación de sus figuras sobre las cabezas de los mortales (y mira que es difícil que Vidal venza a la fuerza de la gravedad, pero lo hace), los celos de que este vende más libros que yo, y un sostenella y no enmendalla ante los efectos no previstos de una estúpida estrategia, tengamos quizá la explicación de este esperpento del que hemos sido testigos.

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