Más Ratzinger menos Marx (y nada de Goebbels)

Después del desasosiego de ver a lo peor de la progrez comportarse como niños, nazis, pero niños, lo cual por cierto no es nada novedoso, me he dedicado a leer algunos escritos de Joseph Ratzinger antes y después de que fuera elegido como Papa Benedicto XVI. Pudiendo estar más o menos de acuerdo con sus posturas, teológicas, filosóficas y epistemológicas, lo que no se puede negar es que la profundidad y el alcance de sus escritos y conferencias, quedan muy por encima del nivel de Queque, y de cualquiera de los niñatos progres que tan mal aceptan el catolicismo.

Tras buscar aquí y allá me he topado con una página que me ha facilitado mucho el trabajo porque recopila muchos de sus escritos y conferencias de una manera temática y cronológica, se trata de Fe, razón, ciencia y cultura. Es muy recomendable para el que quiera ir un poco más allá de la visión superficial que se suele difundir en los medios generalistas, y no digamos ya en los medios progres. Si te gusta la Filosofía, la Teología y la Religión, y quieres leer de primera mano la visión de este teólogo e intelectual y ahora heredero de Pedro a la cabeza de la Iglesia Católica, pasarás un buen rato en este sitio como me ha pasado a mi. Si no estás por la labor, me he permitido extraer un cuantos párrafos que me han llamado la atención y quizá sean interesantes para el lector ocasional:

  • Las posibilidades y límites de la ciencia, según Benedicto XVI

Conferencia en la Academia Pontificia de las Ciencias (6.11.2006) (–>>)

…La posibilidad de predicción científica suscita también la cuestión de las responsabilidades éticas del científico. Sus conclusiones tienen que estar guiadas por el respeto de la verdad y por el reconocimiento honesto, tanto de la precisión como de las inevitables limitaciones del método científico. Ciertamente esto significa evitar innecesariamente predicciones alarmantes cuando no están sostenidas por datos suficientes o sobrepasan la capacidad actual de la ciencia para hacer previsiones. Al mismo tiempo, se debe evitar lo contrario, es decir, callar, por temor, frente a los auténticos problemas. La influencia de los científicos en la formación de la opinión pública en virtud de su conocimiento es demasiado importante como para ser socavada por una indebida precipitación o por una publicidad superficial.

Como mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, observó en una ocasión: «Por eso los científicos, precisamente porque “saben más”, están llamados a “servir más”. Dado que la libertad de que gozan en la investigación les permite el acceso al conocimiento especializado, tienen la responsabilidad de usarlo sabiamente en beneficio de toda la familia humana» (Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, 11 de noviembre de 2002)…

No os recuerda a algo, quizá al sinsentido del “Alarmismo Climático”… Pues eso.

 

  • Benedicto XVI a Congreso Ciencia, Filosofía y Teología en diálogo

Mensaje de Benedicto XVI en el congreso Del telescopio de Galileo a la cosmología evolutiva. Ciencia, Filosofía y Teología en diálogo, en la Universidad Pontificia Lateranense (26.11.09) (–>>)

Cuando se abre el Sidereus nuncius y se leen las primeras expresiones de Galileo, se advierte en seguida la maravilla del científico de Pisa ante cuanto él mismo había realizado: “Grandes cosas – escribe – en este breve tratado propongo a la observación y a la contemplación de los estudiosos de la naturaleza. Grandes, digo, tanto por la excelencia de la materia en sí misma, como por la novedad nunca oída en los siglos, como por el instrumento a través de las cuales estas mismas cosas se han manifestado a nuestros sentidos” (Galileo Galilei, Sidereus nuncius, 1610, tr. P.A. Giustini, Lateran University Press 2009, p. 89). Era el año 1609 cuando Galileo apuntó por primera vez hacia el cielo un instrumento “diseñado por mí – escribirá – iluminándome antes la gracia divina”: el telescopio. Lo que se presentó a su mirada es fácil imaginarlo; la maravilla se transformó en emoción y ésta en entusiasmo que se hizo escribir: “Gran cosa es ciertamente añadir a la inmensa multitud de las estrellas fijas, que con la natural facultad visual han podido observarse hasta hoy, otras innumerables estrellas, nunca vistas antes que ahora y que superan más de diez veces el número de las estrellas antiguas ya observadas” (Ibid.). El científico podía observar con sus propios ojos cuanto, hasta aquel momento, era sólo fruto de hipótesis controvertidas. No se equivoca quien piensa que el alma profundamente creyente de Galileo, ante esa visión, se haya abierto casi naturalmente a la oración de alabanza, haciendo suyos los sentimientos del Salmista: “¡Oh, Señor, Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre por toda la tierra! Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? … le hiciste señor d ellas obras de tus manos, todo fue puesto por tí bajo sus pies” (Sal 8, 1.4-5.7).


  • Diálogo entre la razón y la fe

El Papa Benedicto XVI y el filósofo Habermas discuten dos visiones para abordar el mundo (–>>)

El entonces cardenal Joseph Ratzinger, actual papa Benedicto XVI, y el filósofo Jürgen Habermas, profesor de la escuela de Francfort y padre del “patriotismo constitucional“, celebraron el 19 de enero de 2004, en la Academia Católica de Baviera, en Munich, un diálogo sobre los fundamentos morales prepolíticos del Estado liberal, basándose en las fuentes de la razón y de la fe. Las diferentes posiciones de uno y otro respecto de las raíces de la legitimidad del Estado democrático pusieron de relieve la oposición entre revelación y razón. Aunque también mostraron coincidencias, como la necesidad de controlar, por medio de lo que Habermas califica como aprendizaje recíproco entre razón y fe, los peligros que la religión o la razón pueden acarrear a los derechos del hombre.

…Así, la cuestión en torno de la ley y la ética se ha desplazado hacia otro terreno: ¿de qué fuentes se alimenta el terrorismo? ¿Cómo podemos poner freno desde dentro a esa nueva enfermedad del género humano? A este respecto, resulta muy inquietante que el terrorismo consiga, aunque sea parcialmente, dotarse de legitimidad. Los mensajes de Ben Laden presentan el terror como la respuesta de los pueblos excluidos y oprimidos a la arrogancia de los poderosos, como el justo castigo a la soberbia de éstos y a su autoritarismo y crueldad sacrílegos. Parece claro que esa clase de motivaciones resultan convincentes para las personas que viven en determinados entornos sociales y políticos. En parte, el comportamiento terrorista también es presentado como defensa de la tradición religiosa frente al carácter impío de la sociedad occidental. En este punto cabe hacerse una pregunta sobre la que igualmente deberemos volver después: si el terrorismo se alimenta también del fanatismo religioso –y, efectivamente, así es–, ¿debemos considerar la religión un poder redentor y salvífico o más bien una fuerza arcaica y peligrosa que erige falsos universalismos y conduce, con ellos, a la intolerancia y el terror? ¿No debería la religión ser sometida a la tutela de la razón y limitada severamente? Y, en tal caso, ¿quién sería capaz de hacerlo? ¿Cómo habría que hacerlo? Pero la pregunta más importante sigue siendo si la religión se pudiera ir suprimiendo paulatinamente, si se pudiera ir superando, ¿representaría tal cosa un necesario progreso de la humanidad en su camino hacia la libertad y la tolerancia universal o no?

En los últimos tiempos, ha pasado a primer plano otra forma de poder que, en principio, aparenta ser de naturaleza plenamente benéfica y digna de todo aplauso, pero que en realidad puede convertirse en una nueva forma de amenaza contra el ser humano. Hoy, el hombre es capaz de crear hombres, de fabricarlos en una probeta, por así decirlo. El ser humano se convierte así en producto, y con ello se invierte radicalmente la relación del ser humano consigo mismo. Ya no es un regalo de la naturaleza o del Dios creador: es un producto de sí mismo. El hombre ha penetrado en el sancta sanctorum del poder, ha descendido al manantial de su propia existencia. La tentación de intentar construir ahora, por fin, el ser humano correcto, de experimentar con seres humanos, y la tentación de ver al ser humano como un desecho y en consecuencia quitarlo de en medio no es ninguna creación fantasiosa de moralistas enemigos del progreso.

Si antes habíamos de preguntarnos si la religión es realmente una fuerza moral positiva, ahora debemos poner en duda que la razón sea una potencia fiable. Al fin y al cabo, también la bomba atómica fue un producto de la razón; al fin y al cabo, la crianza y selección de seres humanos han sido también concebidos por la razón. ¿No sería, pues, ahora la razón lo que debe ser sometido a vigilancia? Pero ¿quién o qué se encargaría de ello? ¿O quizá sería mejor que la religión y la razón se limitaran recíprocamente, se contuvieran la una a la otra y se ayudaran mutuamente a enfilar el buen camino?

En este punto se plantea de nuevo la cuestión de cómo, en una sociedad global con sus mecanismos de poder y con sus fuerzas desencadenadas, así como con sus diferentes puntos de vista acerca del derecho y la moral, es posible encontrar una evidencia ética eficaz con suficiente capacidad de motivación y autoridad para dar respuesta a los desafíos que he apuntado y ayudar a superarlos.

Pues estos son tres botones de muestra del pensamiento teológico, filosófico y político de esta presuntamente controvertida figura intelectual que subyace sobre el vicario mayor de la Iglesia de Pedro, que estos días nos visita en Madrid, poniendo de los nervios a cuatro mequetrefes que serían incapaces de leer (y no digamos asimilar) ninguno de sus escritos y conferencias. Espero que los no progres lectores de este blog si lo encuentren interesante. Amen.

 

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