Garzón y el Romance del cazador cazado.

Me da mucha pereza hablar de Garzón. Así que seré breve (yo, no necesariamente la entrada).

Sin menoscabo de lo que pase en los siguientes juicios, las cualidades éticas y estéticas de este personaje son nauseabundas, y para darse cuenta de ello no hace falta más que leer el comunicado/rabieta que el mismo ha remitido a los medios (por no hablar del de la hija) rechazando “frontalmente” la sentencia, que según el le condena de forma “injusta y predeterminada“. Es decir que acusa de lo que el ha sido condenado, prevaricación, a los propios magistrados del Tribunal Supremo. Con dos palitos y un tambor.

La sentencia, a juicio de un lego en la materia como yo, le parece justa y especialmente contundente. Entresaco algunos párrafos particularmente jugosos para ahorraros el tostón de leerla entera:

Décimo segundo.-

1. Ya en lo que se refiere a la injusticia de la resolución, tal como resulta de los hechos probados, debe tenerse en cuenta: a) que el acusado acordó la intervención de las comunicaciones de los internos con todos los letrados; b) que lo hizo mediante un acuerdo tan genérico que afectaba, sin excepción alguna, a cualquier letrado defensor, ya designado o que lo fuera en el futuro; y c) que no disponía de dato alguno que indicara que alguno de los letrados, de los que según los hechos probados fueron afectados, estuviera aprovechando el ejercicio de la defensa para cometer nuevos delitos.

(…)

4. En el caso, el acusado causó con su resolución una drástica e injustificada reducción del derecho de defensa y demás derechos afectados anejos al mismo, o con otras palabras, como se dijo ya por el instructor, una laminación de esos derechos, situando la concreta actuación jurisdiccional que protagonizó, y si se admitiera siquiera como discutible, colocando a todo el proceso penal español, teóricamente dotado de las garantías constitucionales y legales propias de un Estado de Derecho contemporáneo, al nivel de sistemas políticos y procesales característicos de tiempos ya superados desde la consagración y aceptación generalizada del proceso penal liberal moderno, admitiendo prácticas que en los tiempos actuales solo se encuentran en los regímenes totalitarios en los que todo se considera válido para obtener la información que interesa, o se supone que interesa, al Estado, prescindiendo de las mínimas garantías efectivas para los ciudadanos y convirtiendo de esta forma las previsiones constitucionales y legales sobre el particular en meras proclamaciones vacías de contenido.

5. Además, y como elementos añadidos, esa aplicación de la ley al caso se efectuó separándose absolutamente de la doctrina del Tribunal Constitucional (artículo 5.1 de la LOPJ) y de esta Sala del Tribunal Supremo, antes expuesta, que, estableciendo los límites del derecho fundamental de defensa, rechaza expresamente la interpretación acogida por el acusado, y sin que su opción interpretativa viniera acompañada de un mínimo razonamiento explicativo de las razones que la sustentaban, con lo que, valorada en su integridad, se revelaba, a ojos de cualquiera, como un acto de mero voluntarismo que, por su contenido, se alejaba de modo arbitrario y absoluto de la aplicación razonada del Derecho causando un daño totalmente injustificado y difícilmente reparable en los derechos de defensa de los imputados y, en su medida, en los derechos de los letrados afectados, especialmente al derecho-deber al secreto profesional como esencial para una correcta defensa.

(…)

Fallo.-

Debemos condenar y condenamos al acusado Baltasar Garzón Real como autor responsable de un delito de prevaricación del artículo 446.3º, en concurso aparente de normas (artículo 8.3) con un delito del artículo 536, párrafo primero, todos del Código Penal, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de multa de catorce meses con una cuota diaria de 6 euros, con responsabilidad personal subsidiaria conforme al artículo 53 del Código Penal, y once años de inhabilitación especial para el cargo de juez o magistrado, con pérdida definitiva del cargo que ostenta y de los honores que le son anejos, así como con la incapacidad para obtener durante el tiempo de la condena cualquier empleo o cargo con funciones jurisdiccionales o de gobierno dentro del Poder Judicial, o con funciones jurisdiccionales fuera del mismo, así como al pago de las costas procesales, incluidas las de las acusaciones particulares. Sin condena en cuanto a responsabilidad civil.

(…)

Y mientras, nuestros amigos progres se lían la manta a la cabeza y a despotricar contra el Tribunal Supremo, tachándole de fascista, franquista y la retahíla habitual (fachas, carcundia, la caverna, la derecha “más rancia”…). Paso de enlazar artículos pero vamos, no hay más que visitar El País o el tebeo Público (y aquí específicamente, si se tiene estómago, leer los comentarios) y quedarse petrificado en una mezcla de vergüenza ajena, ardor de estómago, y en menor medida lástima y miedo. A todos estos jovenzuelos Logsianos habría que explicarles que decían desde sus púlpitos, los mismos predicadores que hoy beatifican a Garzón,  en épocas del GAL. Y en ese sentido en Facebook, muy activo sobre el tema, me he topado con unos párrafos extraídos de El País, que se comentan solos:

En fin, que me parece que no hay que ser un avezado legalista para entender el cogollo de las circunstancias que rodearon al caso Gurtel, la idiosincrasia de este ya ex-juez, y de sus medios ahora genuflexos. De todas maneras, atentos, que después de más de 30 años de régimen progre-socialista, es mucha la basura que queda todavía en la justicia española, por ejemplo hoy mismo quedaba archivado el caso Manzano por la Audiencia Provincial de Madrid. Un portazo en la cara a las víctimas del 11M, y por tanto a todos los españoles.

Y sobre el porqué del título de la entrada y la coplilla que he rescatado del cancionero popular, basta recordar esta foto:

Romance del cazador cazado

 Pensando al amor cazar,

yo me hice cazador,

y a mí cazóme el amor.

Entré muy descuidado

en el monte de Cupido,

por ver si había venado

y hallé un ciervo escondido:

muy a paso sin ruido

arrojéle un pasador,

y a mí cazóme el amor.

Desque herido le vi

empecé a correr tras él,

y corriendo me perdí

por una sierra cruel;

pero al fin vi un vergel,

que sois vos, lleno de flor,

y allí cazóme el amor.

Fuente

(amediavoz.com)

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