Carta abierta de don Pío Moa a un mamarracho.

Nos dice don Pío Moa en su blog que demos la mayor difusión posible a esta carta abierta a un mamarracho. Dicho y hecho, copio aquí las dos partes en una sola entrada para facilitar la lectura, no sin recomendar el darse una vuelta por las entradas originales en su blog, Dichos, Actos y Hechos:

donde se pueden leer además los comentarios que ha suscitado este caldero de aceite hirviendo que vierte don Pío, sobre las gentiles espaldas del inefable José Luis Rodríguez Zapatero.

Supongo que es dificil suscribir punto por punto todas las críticas que Moa pone sobre la mesa, pero muchas de ellas sino todas, son difíciles de rebatir a no ser que estés imbuido de lleno en el Pensamiento Alicia y/o rebozado en la propaganda Goebbeliana de Prisa y Mediapro. Por mi parte suscribo la mayoría de las patadas en las espinillas, y han sido muchas de ellas las que me hicieron salir pitando de los mundos progres sin ni siquiera recoger mis cosas.

En cuanto al término de mamarracho, pongo aquí el significado según la RAE, que cada cual seleccione la acepción que mejor le cuadre. Creo que ZP aúna las tres acepciones por igual.

mamarracho.

(Del ár. hisp. *muharráǧ o *muharríǧ, y este del ár. muharriǧ, bufón).

1. m. coloq. Persona o cosa defectuosa, ridícula o extravagante.

2. m. coloq. Cosa imperfecta.

3. m. coloq. Hombre informal, no merecedor de respeto.

Carta abierta a un mamarracho

por Pío Moa

No me refiero ahora a mamarrachadas suyas al estilo de “la tierra es del viento”, o sus promesas y afirmaciones vacuas en plena crisis, sino a su última o penúltima de ellas: la de que en sus siete años en el poder había aprendido a “amar profundamente a España”. Esto ya pasa de castaño oscuro, así que me permitiré recordarle algo, por lo menos algo, de lo que ha hecho usted por España en sus nefastos años en el poder y un poco antes. Un poder que puede resumirse en colaboración con banda armada; colaboración con dictaduras criminales y antiespañolas; y ataque sistemático a la democracia.

1.- Usted suscribió el año 2000 el llamado Pacto Antiterrorista. Con ello parecía abandonar la línea tradicional del PSOE, consistente en combinar el terrorismo gubernamental con una negociación y salida “política”  para los asesinos arruinando el estado de derecho.  Pareció sumarse usted, entonces, a la línea de Mayor Oreja-Aznar, legal y democrática por primera vez desde las amnistías, de tratar a los delincuentes como tales, y no como políticos. Luego hemos sabido que apenas seca la tinta del acuerdo, usted lo traicionó, volviendo a las “conversaciones” clandestinas con los criminales, ofreciéndoles concesiones nunca del todo aclaradas a la opinión pública.

2.- En 2002, España debió defenderse de la ocupación del islote de Perejil por la tiranía marroquí, que además amenaza las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Y ahí se demostró usted a sí mismo: saboteó al gobierno español, se arrogó ilegalmente facultades sobre política internacional para rendir pleitesía al rey de Marruecos  y retratarse con él bajo un mapa que recoge las aspiraciones antiespañolas del monarca-tirano cuando ya la crisis se gestaba, con retirada del embajador marroquí, unos meses antes. Esto fue, como lo anterior, un acto de pura y simple traición a la España democrática a favor de un déspota y un preludio de su “alianza de civilizaciones”… contra la civilización.

3.- Poco después, usted intensificó la agitación y la violencia callejera contra un gobierno del PP que había logrado sacar al país de la crisis en que el PSOE la había dejado, con tres millones de parados. En esa agitación no perdonó usted  demagogia “anticapitalista” ni mentiras para fanatizar a las partes más oscuras e ignorantes del electorado. Recordaré tres casos: el del “chapapote”, el de la Ley de Educación y el de la guerra contra Sadam. En el primero, un accidente del que no tenía la menor culpa el gobierno, este hizo lo que pudo, seguramente mejor de lo que habría hecho su partido, que nunca en tales sucesos brilló por su eficacia y sí más bien por su corrupción. Y en tal situación,  usted habría encontrado probablemente la colaboración de Aznar y no la obstrucción. En cuanto a la Ley de Educación del PP, buscaba, con mayor o menor acierto, corregir otra de las herencias del PSOE junto con la crisis económica: la degradación de la enseñanza, caracterizada por tasas muy bajas de eficiencia educativa y muy altas de fracaso escolar. De una buena enseñanza depende en gran medida el futuro de un país, pero usted y los suyos se dedicaron a enredar a estudiantes y profesores con consignas de la más rancia estirpe marxista, las consignas del Gulag y el muro de Berlín, condenando el esfuerzo y la excelencia como un vicio y preconizando la mediocridad supuestamente igualitaria que siempre ha definido a su partido.

4.-  Pero donde alcanzó usted lamentable maestría fue cuando la guerra de Irak. Aquella fue, hoy lo creo, un error que está saliendo caro a Usa sin fructificar en un estado irakí más o menos democrático y en mayor estabilidad en la zona. Sin embargo ese error no mejora la demagogia del PSOE. Usted no se oponía “a la guerra” como pregonaba, pues había guerras más crueles en África a las que no prestaba usted la menor atención, quizá porque, como en la de Sudán, las víctimas eran cristianas. No: usted no condenaba la guerra sino que defendía al genocida Sadam, por quien, como en el caso de Perejil,  sentía mucha más simpatía  que por su propio país y la democracia: otra muestra de su “alianza de civilizaciones”. En un principio, su loca agitación pareció fracasar, como la del chapapote, y no tuvo los efectos electorales que usted pretendía. Lo pareció, porque el régimen de Sadam fue derrotado muy pronto. Pero fue sin duda una ventaja para usted que se  mantuviera la tensión gracias a los brutales atentados terroristas.

5.- Y fue precisamente esa tensión terrorista lo que le ayudó a escalar el poder. De pronto, hacia el final de la campaña electoral de 2004, Madrid sufrió el atentado más bestial de la historia europea. Al PSOE, pasado el desconcierto inicial sobre lo que parecía un coletazo de una ETA acosada, le faltó tiempo para atribuirlo a los islámicos, inventando para ello terroristas suicidas y otros supuestos datos y, sobre todo, sugiriendo que la culpa de la matanza no radicaba en los autores de ella, sino en el gobierno de Aznar “por habernos metido en la guerra”. No importa aquí dilucidar quiénes fueron los verdaderos autores, sobre quienes pesan dudas muy consistentes. Diré simplemente que usted logró desviar esa culpa, a los ojos de mucha gente atemorizada o fanatizada. Y que lo hizo en brevísimo tiempo mediante la campaña de insidias más vil a que hemos asistido en varias décadas. En su empeño, usted vulneró la ley electoral, acusó al gobierno de lo que ustedes hacían, es decir, de mentir, y movilizó a los sectores más histéricos en agresiones y asedios a las sedes del PP, un método, por cierto, de larga tradición en su partido desde el Frente Popular y antes. Y no resultó menos significativo que, fueran quienes fueran los terroristas, usted debió de creer que se trataba efectivamente de islámicos, por cuanto los premió, llegado al poder, con la rápida retirada de las tropas españolas que en Irak ayudaban a la población a librarse de los mismos que presuntamente habían atacado en Madrid, e incitando a otros países a hacer lo mismo. Lección práctica, nuevamente, de su “alianza de civilizaciones”. Su política, como en el caso de la ETA, ha tendido siempre a recompensar a los asesinos, lo que no es casual para quien “ama” a su patria como usted o entiende por democracia el triunfo de la miseria. Máxime cuando un objetivo declarado de los islámicos consiste en demoler las libertades y la civilización cristiana, y retransformar a España en Al Ándalus. Usted ha sido su mejor aliado.

6.- Una vez en el poder, usted desplegó su vesania en cuatro direcciones principales: profundizar la colaboración con la ETA, con todos los enemigos de España, en la llamada “ideología de género” como sustituto de la “de clase”,  y en la falsificación de la historia. Usted, experto en disfrazar cualquier bellaquería con un nombre pomposo y agradable,  bautizó arteramente la colaboración con la ETA como “diálogo” y “proceso de paz”. Y lo hizo cuando la  anterior política de Aznar había colocado a la ETA, como ha reconocido uno de sus dirigentes “al borde del abismo”. Su “paz”  consistió en volver a legalizar las terminales políticas de los asesinos, en facilitarles una amplia corriente de dinero público con la que financiar su propaganda antiespañola y liberticida, en proporcionarles eco y representatividad internacional, en promoverlos con una imagen positiva mientras trataba de intimidar, dividir y desacreditar a las víctimas directas del terror; y sobre todo en ofrecer a los pistoleros y separatistas la transformación ilegal de la autonomía en un “estado asociado” de hecho, reduciendo a testimonial la presencia del estado español, según el modelo de Cataluña. Un modelo que usted promocionó concediendo al parlamento  catalán una soberanía anticonstitucional, entre otros desmanes. Con tan intolerables premios a los asesinos, usted decía hacer “la paz” y quizá esperaba ganar el desacreditado premio Nobel de la misma. Pero ni la ETA consiguió nunca romper la paz de España, sino solo alterar la normalidad gracias, en gran medida, a la “salida política” que le ofrecían unos políticos sin principios; ni se puede llamar paz a la destrucción desvergonzada de la legalidad democrática y del estado de derecho. Ni a los avances hacia la disgregación de España en un mosaico de taifas impotentes, insignificantes en el contexto internacional y objeto de las intrigas de otras potencias: un objetivo que usted ha perseguido tenazmente en colusión con los terroristas y los separatistas. So pretexto de “paz”, nunca había obtenido la ETA una colaboración tan masiva y variada, en la que el chivatazo de Freddy Faisán apenas pasa de anécdota en un contexto que solo puede calificarse de criminal.

Estos son hechos plenamente constatables, no interpretaciones ni especulaciones. Ahora bien, tienen tal carácter delictivo, de traición y miseria moral, que muchos se preguntan: “¿Cómo han sido  posibles por parte de gobiernos elegidos? Tiene que haber alguna explicación menos terrible”. Porque no entienden que un gobierno elegido puede resultar criminal y porque tales delitos proceden de una mentalidad, una ideología y una tradición de largo alcance. Como recordaba Julián Marías, el PSOE tiene la tara de una visión negativa de la historia de España. Visión completada, diría yo, con un amasijo contradictorio de ideas más o menos mesiánicas. El PSOE, cuya historia reivindica usted entera — incluida su planificación de la guerra civil y la destrucción de la legalidad republicana–, solo en tiempos recientes abandonó, y solo de manera parcial, el marxismo, la doctrina más totalitaria y mortífera del siglo XX. Y el escaso terreno abandonado lo han llenado ustedes con esa mezcla arbitraria de ecologismo, feminismo, pacifismo, socialismos variopintos, aversión a la iniciativa individual y a la excelencia personal, etc. Pero he recordado, frente al romo análisis político prevaleciente, que la colaboración de usted con banda armada se asienta en una afinidad ideológica profunda: también la ETA es socialista. También es antiespañola y liberticida. También comparte ese amasijo de doctrinas que, bajo sus buenas intenciones enarboladas nunca han traído más que miseria y corrupción. Esa común base ideológica hermana en cierto modo a la ETA y el PSOE, por más que a  veces surjan entre ambos riñas de familia.

7.- De su “alianza de civilizaciones”, como la ha llamado con su acostumbrada megalomanía, ya he dado algunas pruebas. Se ha concretado en la simpatía y el apoyo político y económico, en Hispanoamérica, a los regímenes más demagógicos y antiespañoles, a personajes como Kirchner, Chávez o Evo Morales; y algo similar en relación con los países musulmanes, sobre todo con el único que constituye una amenaza seria para nosotros. Dicha alianza se ha extendido, por pura aversión a España, a las más vergonzosas claudicaciones en el caso de Gibraltar, única colonia que permanece en Europa. Se trata, muy literalmente, de una alianza contra España y contra todo lo que signifique libertad.

8.- ¿Qué aspectos positivos pueden encontrarse en su gestión? Usted invoca, sobre todo,  sus políticas de “igualdad de sexos”, atribuyendo al cristianismo –la base y raíz más profunda  de nuestra cultura—una opresión secular de la mujer. Que no le ha impedido a usted  promocionar al islamismo en la propia España y hacerse el desentendido de la situación femenina en esos países. Pero la mujer nunca ha tenido necesidad de la tutela de personajillos como usted. La igualdad de derechos, la igualdad ante la ley, está conseguida en Europa y en España mucho antes de que a gente como usted se le ocurriera crear falsos problemas para resolverlos igualmente en falso. Su “igualdad”, de modo parecido a su “paz”, solo ha traído perturbaciones y aberraciones. Su paridad en el gobierno (¿y por qué no una paridad de obreros y otras profesiones, por poner un caso?) ha redundado en descrédito de la mujer gracias a lumbreras como Aído, Pajín, Vega, Salgado, Calvo y todas las demás, de las que lo único que puede decirse es que no desmerecen de los botarates y sinvergüenzas varones, empezando por usted mismo. Ya que pretende usted una igualdad imposible, habría que preguntarle por qué no la persigue igualmente en los ramos de la construcción, las minas, los barcos, etc., donde la “cuota femenina” es insignificante? ¿O en la misma población penal, donde se dan unas desigualdades numéricas que para majaderos como usted tendrían que ser ultrajantes? En la práctica, su “igualdad” ha significado la promoción del aborto, un verdadero asesinato masivo bajo la peregrina idea de que los embriones humanos no son humanos y de la delictiva consigna “nosotras parimos, nosotras decidimos” como si pudieran decidir sobre una vida ajena y el padre no contara nad; de  la pederastia mediante la  promoción de la actividad sexual a las edades más bajas; del homosexualismo, con la imposible pretensión de equiparar un defecto con la sexualidad  normal y con el matrimonio. Ha significado el estímulo a la disgregación de la familia, la sustitución de la autoridad de los padres por la de unos políticos majaderos e iluminados a partes iguales, con mil consecuencias derivadas, como el aumento de la droga y el alcoholismo en la juventud, de la población penal, del fracaso matrimonial, escolar, etc. En un deterioro, en suma de la salud social. Por sus frutos se conoce el árbol.

9.- Su partido, cuyo historial usted reivindica entero, siempre ha atacado el fundamento de la democracia, la limitación y división de poderes, como expresó con descaro uno de sus líderes cuando subió al poder. En función de esa permanente orientación, usted ha politizado y corrompido como nunca la justicia (baste aquí recordar la desvergonzada burla de Garzón y sus investigaciones sobre “crímenes del franquismo” en gran parte inventados). Además su partido  ha agredido permanentemente a  tres fundamentos de nuestra cultura: la propiedad privada, la familia y la nación (esta, en virtud de su “internacionalismo”). Hoy parece haber renunciado a liquidar la propiedad privada para cargar el ataque sobre los otros dos pilares. En cuanto a la nación, la visión negativa de España por parte del PSOE,  que recordaba el filósofo Julián Marías, le ha llevado asimismo a buscar la disolución del país en la UE. ¡Ah, aquella Constitución europea elaborada por el clásico enemigo de España y protector de la ETA (¡siempre lo mismo!) Giscard d´Estaing! Constitución que usted impulsó con un falso referéndum en que se incitaba a los ciudadanos a votar a ojos cerrados, sin enterarse de qué se votaba. Aquella ley anulaba mermaba drásticamente la influencia antes lograda por España en la UE y usted aumentaba nuestra supeditación a Francia mientras rechazaba el acuerdo con Polonia, tan provechoso para contrapesar la excesiva hegemonía del Eje París-Berlín. Siempre hallamos lo mismo en su política, trátese de la ETA, el terror islámico, los separatismos, Marruecos, Gibraltar o la UE: la aversión a España y a la democracia,

10.- También la Iglesia, no podía ser menos, ha sufrido sus demenciales ataques e insidias. Usted ha ido mucho más allá de la frase (cristiana) “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, actualmente interpretada como la aconfesionalidad del estado, y usado el poder para hostigar al. Pero, le guste o no, el cristianismo es la base de la cultura occidental, y resulta el colmo de megalomanía, de la estupidez más pretenciosa, el empeño en sustituirlo por las cuatro ideíllas progre-socialistas, banales y contradictorias, que llenan su mente. Nadie le niega el derecho a sus propias opiniones sobre la Iglesia, pero ya es harto clarificador que para atacarla deba recurrir usted a tantas calumnias, quizá más embozadas que las del pasado, pero siempre en el viejo estilo PSOE. Quiero recordarle que, al revés que su partido y los sindicatos, la Iglesia lleva a cabo labores de enseñanza y beneficencia que, de realizarlas el estado, y sobre todo gobiernos como el suyo, saldrían muchísimo más caras a los ciudadanos. Pero sobre todo usted debiera recordar que esas campañas cristalizaron durante la Guerra Civil en un intento de genocidio, en gran parte cumplido, por el que su partido y otros semejantes asesinaron a mansalva, a menudo con extremo sadismo, a muchos miles de personas por el mero hecho de pertenecer al clero o declararse católicos, y trataron de erradicar la presencia cristiana en España.  Aparte de destruir (y robar) un inmenso patrimonio histórico y artístico. Usted jamás ha expresado el menor sentimiento por tales hechos, al revés, ha reivindicado, repito,  todo el  historial lúgubre y sangriento del PSOE. No por casualidad han reaparecido, por primera vez desde la guerra, los conatos de incendio de templos, las amenazas de asesinato al clero o agresiones como en el reciente encuentro de la juventud católica. Tampoco ha expresado usted la menor repulsa ante las persecuciones y matanzas que sufren los cristianos, sobre todo en el mundo islámico, cuando gemía tanto por el régimen de Sadam Husein.

11.- Durante un tiempo se jactó usted de la prosperidad del país, disimulando el dato de que la misma era herencia del período anterior. Pero durante su gobierno la prosperidad se volvió cada año más desequilibrada y ficticia, basada en una suicida espiral de endeudamiento, mientras usted sacrificaba progresivamente la soberanía nacional en beneficio de entes por encima de nosotros y por tanto por encima de nuestros intereses. El globo estalló al fin, y usted, que estuvo inflándolo año tras año con sus habituales mamarrachadas, culpa al anterior gobierno, durante el cual el problema no había pasado de incipiente. El desastre económico es una tradición asentada en su partido porque sus doctrinas al respecto son falsas, y aunque ustedes se hayan visto obligados a aceptar algunas realidades de lo que llaman capitalismo, siempre han terminado por “tirar al monte”. Nuevamente el árbol se reconoce por sus frutos, y cada vez que ustedes han tenido ocasión de aplicar sus ideas, en todo o en parte, el resultado ha sido desolador. Durante el primer bienio republicano, con el PSOE compartiendo el poder, el paro aumentó casi mes por mes,  y bajo el Frente Popular llegó al millón de personas, equivalente al doble con la población de hoy, pero en condiciones mucho más dramáticas por falta  de Seguridad Social (traída por el franquismo, no por su partido como muchos ingenuos embaucados creen). Volvió el PSOE al poder con Felipe González y batió su marca anterior: tres millones de parados. Y usted le ha superado con cinco millones y medio y el país literalmente en la ruina. La crisis, ciertamente, es internacional, pero aquí importa el modo como usted la ha gestionado.

12.- Una ideología y una política tan contrarias a los intereses del país, de la libertad y del humanismo más elemental, solo puede sostenerse por  una acumulación de embustes en aumento, apuntalándose unos a otros. En el “Himalaya de mentiras”, que denunciaba Besteiro del Frente Popular. Besteiro fue en la república uno de los pocos socialistas razonables, que sin embargo no logró hacer escuela en su partido. Y  la base de todo ese himalaya se encuentra en lo que usted, siempre pomposo,  ha titulado “Memoria histórica”. He escrito mucho sobre la falsificación sistemática del pasado en que ha arropado usted sus fechorías, y no voy a extenderme ahora. Baste señalar que la justificación de ellas se encuentra en la pretensión de que en 1939 la democracia fue derrotada por el régimen dictatorial de Franco. La segunda parte es cierta, pues el franquismo fue un régimen autoritario (nunca totalitario). Pero la primera es falsa de raíz, y para entenderla basta observar los componentes, de hecho o de derecho, del vencido Frente Popular: stalinistas del PCE, marxistas del PSOE a menudo más radicales y violentos que los primeros, anarquistas, separatistas ultrarracistas del PNV o golpistas de  la Esquerra; más, en posición muy secundaria, los republicanos de izquierda como Azaña, que quisieron compensar con golpes de estado el rechazo que habían sufrido en las urnas en 1933. A esa amalgama la presenta usted y como representante de “la libertad”.  Lo era tanto como ustedes ahora,  y como  ustedes y la ETA representan “la paz”.

Su partido y otros  se alzaron en armas en 1934 con el propósito explícito, lo he probado, de comenzar una guerra civil para implantar la “dictadura del proletariado”, es decir, de su partido, al modo de Rusia, como denunciaba en vano el citado Besteiro. Su partido fue derrotado, a un coste muy alto en sangre y destrucciones, pero no aprendió la lección. En febrero de 1936, en unas elecciones falseadas por violencias y coacciones, el Frente Popular tomó el poder y procedió a arrasar  la legalidad republicana en medio de una orgía de crímenes, incendios y destrucciones que hicieron imposible la paz. En la guerra subsiguiente, continuación de la breve del 34, su partido volvió a demostrar su naturaleza al supeditarse a Stalin mediante el envío ilegal de las reservas financieras españolas a Moscú y una compra de armas repleta de corrupción, en la que destacó el socialista Negrín. Este intentó criminalmente alargar la contienda, para completar el destrozo del país con el que nos produciría la guerra mundial, anhelada por él y los suyos. Y, hombre previsor, organizó desde el primer momento el saqueo de los bienes del estado, de la Iglesia, de  las cajas de seguridad de los bancos y los montes de piedad… y con esos tesoros incalculables (porque no fueron contabilizados, otro dato de su partido) huyeron  él y los suyos al extranjero, abandonando a su suerte a miles de sicarios comprometidos en el terror de las chekas y similares. Y ahora usted, quizá como reparación inconfesada, reivindica usted a aquellos sicarios, autores de crímenes espeluznantes, como “honrados republicanos víctimas del fascismo”, equiparándolos a los inocentes. Si ha rehabilitado a Negrín es porque se identifica usted con él y no con Besteiro. Nada revela mejor que esta farsa siniestra su catadura moral y política.

Sin la insurrección socialista de 1934 y los salvajes desmanes del Frente Popular, no habría habido guerra civil. Franco fue el último en rebelarse contra la república. Antes lo habían hecho los anarquistas, los comunistas, Sanjurjo, los republicanos de izquierda, los socialistas y los separatistas catalanes. Los nacionales se sublevaron solo cuando la situación se volvió insostenible para cualquier persona con dignidad y amor a su patria, y, pese a partir de condiciones adversas en extremo, terminaron venciendo. No eran demócratas porque concluyeron, no sin razón, que ninguna democracia funcionaría en España con partidos como el de usted y los demás del Frente Popular. Pero salvaron lo más básico: la nación y la cultura cristiana que ustedes trataban de aniquilar. Y gracias a la paz, la prosperidad y la reconciliación logradas bajo el franquismo, fue luego posible transitar sin demasiados traumas a la democracia. Una democracia de la que ustedes son beneficiarios, no causantes, y que no debe a quienes se consideran herederos del Frente Popular otra cosa que corrupción, corrosión de las libertades, complicidad con el terrorismo y masivas campañas de desinformación a los ciudadanos, esa “constante mentira de los rojos” (usted se ha proclamado rojo) que irritaba a Gregorio Marañón.

Con su “Ley de memoria histórica”, usted quiso imponer al país una versión particular del pasado reciente, pretensión típicamente totalitaria, para deslegitimar a quienes salvaron al país del Frente Popular. A quienes han aportado al país una paz que todavía dura derrotando a la revolución, eludiendo la entrada en la Guerra Mundial, venciendo al maquis y al injusto aislamiento internacional y dejando una sociedad próspera y reconciliada. De ellos viene la actual democracia –tan socavada por su partido de los “cien años de honradez” (otra enorme falsedad)– y la monarquía, las cuales quedaban a su vez deslegitimadas por su origen según el designio de su partido. Y, lo más grande, con dicha ley ha hecho usted firmar a Juan Carlos I  su propia ilegitimidad, pues él fue nombrado directamente por Franco e impulsó una democratización a partir de su régimen. Esa firma, a su modo, no deja de ser una hazaña; grotesca pero hazaña: la insolente apoteosis de la majadería en que usted ha convertido la política española.

¿Cómo ha podido usted lograr tanto?  Lo ha hecho en colaboración con el separatismo, según es tradición en su partido, pero sus tristes éxitos se han debido, más aún, a la ausencia de una oposición a la altura de tales provocaciones. Porque no ha sido oposición el PP, partido en que diversas corrientes se neutralizan en la nada intelectual y moral de “la economía lo es todo”, la anglomanía y la pretensión de vender una imagen más “progre” que la de usted mismo. Ha contado usted con la complicidad pasiva, y a veces activa, de una presunta oposición sin ideas, y entre todos han traído al país la calamidad actual. Pero este es otro aspecto de la cuestión en que no entraré aquí.

13.- Azaña, mucho más lúcido con los defectos ajenos que con los propios, caracterizó  la delirante  política republicana como “tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”. La de usted merece esos calificativos, ha sido pura delincuencia. Le he llamado mamarracho porque la mamarrachada, con una veta de puro infantilismo,  ha adornado siempre sus actos y dichos. Y se ha ido usted sin el menor castigo. Tal como la ETA ha recibido enormes recompensas por sus crímenes –recompensas que mantiene el PP de Rajoy–, usted se ha marchado con honores, prebendas y cargos después de haber dejado al país en la ruina material, moral y política. ¿Cómo ha sido posible? ¿Los políticos son irresponsables de sus actos en el sistema actual? ¿Habremos llegado a una sociedad lo bastante envilecida para soportar tales cosas sin protesta? Entonces habría que reconocer, tristemente, que ha tenido usted razón: usted habría tratado a esta sociedad tal como ella se habría merecido. Pero España ha superado crisis peores, y esta también lo hará. Al escribirle, quiero exponer lo que nunca debió de hacerse o consentirse, y lo que debe corregirse necesariamente por el bien de una convivencia nacional en paz y en libertad.

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