Cuesta mucho reir, basta un tren para llorar.

Una de las cosas que más me alucina de Bob Dylan, es que algunas de las joyas que nos deja, son interpretables desde muy distintos puntos de vista. Ya se encargó el mismo de multi-interpretarlas desde el principio de su carrera, impermeable a las críticas por esta impertinente manía. Un ejemplo perfecto es  “it takes a lot to laugh, it takes a train to cry“, cuya versión original es parecida a la versión que hace esta muchacha:

Pero no es la única versión, de hecho el mismo Dylan tenía en su nevera una versión más macarra que posteriormente salió en los bootlegs, más o menos esta:

Pero otros tienen su propia versión de esta canción. Es el caso de Mike Bloomfield, Al Kooper y Stephen Stills,. Claro que teniendo en cuenta que los dos primeros fueron piezas fundamentales en la grabación original de Highway 61 Revisited, tenían todo el derecho del mundo a hacer esta magnífica interpretación de la canción, que aparece en el disco Super Session:

 

También muy digna la versión de Peter Parcek, tan igual como distinta de las anteriores:

Y tres cuartos de lo mismo se puede decir de esta espléndida versión de David Bromberg, un viejo amigo de Dylan:

 

Ahora, no hace falta más que darse una vuelta por Youtube, para darse cuenta de que hay cientos de formas de acercarse a esta obra maestra.

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