Colombo y el Cambio Climático.

Teniente ColomboDurante este suave verano me he visto una serie que me ha gustado bastante, The Shield, y a la que dedicaré una entrada cualquier día de estos. Cuando acabé con ella decidí no cambiar de ciudad, Los Ángeles, ni de registro (el Departamento de Policía de Los Ángeles), pero si de época; y mediante una voltereta hacia atrás con tirabuzón acabé aterrizando en el mundo de los setenta de la mano del Teniente Colombo.

La verdad es que la experiencia está siendo sorprendentemente refrescante, sobre todo al comprobar como la tiranía de la corrección política todavía no era más que embrionaria (impagables las imágenes de Colombo fumando por todos lados, incluidos hospitales y hasta quirófanos). Aunque es una serie que también sufre los achaques de la edad, se notan demasiado las trampas de guión, las situaciones forzadas, y no deja de chirriar la ingenuidad tanto de malos como de buenos; lo cierto es que sigue siendo una serie extraordinariamente entretenida, protagonizada por un personaje entrañable que permanecerá indeleble en la memoria de muchos de mi generación y adyacentes.

Esta entrada viene a cuento porque entre los muchos diálogos y situaciones que serían inexplicables hoy, o que serían sometidos a un juicio laico por chapotear alegremente en muchos de los dogmas de la moralizante progresía actual; me he encontrado con un diálogo que seguramente sería censurado hoy sin contemplaciones, por ser negacionista del Cambio Climático.

Se trata de un episodio (“Any Old Port in a Storm”, episodio 2 de la tercera temporada, con Donald Pleasence en el papel de malo) en el que la clave de la trama está en la temperatura de una cava donde el taimado asesino almacena el cadáver de su hermano durante varios días, mientras se va a un congreso de Enología a la otra punta del país (Nueva York), para luego volver y simular un accidente de la víctima (su hermano y copropietario de las bodegas) mientras buceaba. La cuestión es que el avispado Colombo se da cuenta de la jugada, siempre lo hace, y le prepara una trampa que demostrará que un Porto de esa cava se ha estropeado porque durante su ausencia en la feria, hubo un día especialmente caluroso (algo de lo que Colombo se percibe gracias a que se lo recuerda su mujer, personaje fantasma durante toda la serie), y dado que el criminal desconectó la refrigeración confiado por la bondad de las primaveras californianas, y que no estaba en los Ángeles, no pudo darse cuenta de que los deliciosos caldos de esa cava se habían echado a perder. Colombo le lleva a un restaurante para mostrar sus disculpas por “haber sospechado de él”, y asociado con el sumiller le ofrece un vino de Oporto de su propia cava sin que el lo sepa. Dado que es el único experto paladar capaz de reconocer la tara, la reconoce, sin percatarse de que se está incriminando en el asesinato de su hermano. Monta un pollo del carajo en el restaurante, lo cuál de paso le evita a Colombo el pagar la abultada cuenta, y se va directo a la cava, mete todas las botellas en el coche y se acerca a la costa a tirarlas al mar, dónde el previsor Colombo le espera para cantarle las cuarenta. Este es un fragmento de la conversación final:

Colombo y el Cambio Climático

Supongo que ahora se entiende por qué decía que este diálogo no se podría producir hoy, una época en la que nos venden que hemos alcanzado las mayores temperaturas de la historia, y que además es por culpa nuestra, por esa mínima parte de CO2 antrópico que se añade al CO2 total, ese gas que alimenta a las plantas y que es secundario en cuánto al efecto invernadero. Y cualquiera diga lo contrario es una chiflado, un facha o a sueldo de las petroleras (si es que los progres son capaces de considerar que estos son conjuntos disjuntos, si no, sustitúyase la “o” por una “y”).

Así que lo más seguro es que hoy, a pesar de los doscientos meses de parón en las temperaturas, y que cada vez más científicos abandonan el naufragante alarmismo climático, el detective Colombo sería posiblemente quemado en la hoguera pública, por atreverse a referir temperaturas más cálidas muchos años atrás. Con la Iglesia seguimos topando, esta vez la de la ecologitis crónica.

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