Energías renovables. Un baño de realidad.

He empezado a escribir estas líneas con el ruido de fondo de los rebuznos emitidos en el Congreso de los Diputados en el pleno monográfico sobre el último Consejo Europeo (que estuvo centrado en política energética).

Entre el chaparrón de inconsistencias que allí se declamaban, por encima de la ya alta media habitual, me ha venido a la cabeza éste gráfico que ya he utilizado en alguna otra ocasión, y que aunque no está actualizado (es de 2007), sirve perfectamente para este breve comentario esencialmente cualitativo (para analizar los datos recientes recomiendo utilizar esta herramienta de BP, las conclusiones serán análogas).

World energy usage width chart

Y es que este gráfico sobre el consumo energético por fuente primaria es el baño de realidad que nunca nadie quiere ver. Los “políticos de progreso” porque ven el mundo a través del arcoiris creado por las ventosidades de sus unicornios ecologistas; los “fachas” (y/o “neoliberales“) porque han asumido las distorsiones de sus contrincantes y las han incorporado a su cosmovisión por miedo a un linchamiento que, en cualquier caso, es inevitable hagan lo que hagan; los periodistas porque no tienen criterio para discriminar entre Ciencia y Política, y su tendencia por defecto es a asumir acríticamente el mainstream y por tanto a engordar la bola de nieve; y por último, la ciudadanía, que al final es víctima de los anteriores, porque tiene poco margen para formarse una opinión rigurosa a no ser que se tenga una cierta base técnica o, en su defecto, lea habitualmente blogs y artículos especializados sobre estos temas, lo cual, por cierto, irremediablemente les llevaría a despreciar todas las letanías sobre “políticas climáticas“, “objetivos de emisiones“, “energías sostenibles” y demás zarandajas eco-progres, y por tanto a ser inmediata e irreversiblemente catalogado como “negacionista” (y por tanto “facha”, “neoliberal”, o proponente de que la “Tierra es plana”).

Y en éste caldo de cultivo no nos podemos extrañar que pasen inadvertidas algunas consideraciones esenciales para enfocar el debate y hacerlo creíble. Por ejemplo:

– Las energías renovables producen globalmente alrededor del 9% de la energía producida, y si descontamos la biomasa y la hidroeléctrica que representan un 7% del total, se quedan en un triste 2% al que la solar fotovoltaica aporta un ridículo 0.04%. Eliminar la primera fila de energías (petróleo, carbón y gas) significa eliminar de un plumazo el 85% de la producción energética mundial, y reducirla en un porcentaje determinado implicaría una compensación de aumento en las demás fuentes (menos el aumento de su rendimiento), siendo las únicas confiables las de la segunda fila (nuclear, biomasa e hidroeléctrica) por mucho que las de la tercera (solar, eólica, geotérmica…), las energías fetiche del ecologismo, puedan crecer relativamente en las próximas décadas.

– Por supuesto que los países más industrializados tienen un mix energético mucho superior en renovables (en España por ejemplo se ha llegado al 42% en 2013, claro que así nos luce el pelo), y que éste subirá sin duda en el futuro. Pero hay que tener en cuenta que no se puede imponer políticas energéticas caras y poco eficientes (ambos conceptos van unidos) a países subdesarrollados, o en vías de desarrollo o incluso a países ricos en energías convencionales pero sin un apropiado desarrollo tecnológico (como es el caso de Polonia y su consecuente negativa a dejar de explotar su carbón).

– La excusa subyacente es el “Calentamiento Global” (hasta que tome el relevo el “Peak Oil”), una hipótesis no verificada y que la naturaleza se está encargando de desacreditar año a año. Pero aún asumiendo que tal problema imaginario (el hombre “calienta” el planeta y este calentamiento es apocalíptico) es real, que es mucho asumir, lo que no parece muy “solidario” es exigir a los países emergentes, que tienen poca o ninguna responsabilidad en los niveles de CO2 de origen antrópico actuales, unos compromisos de emisiones que ningún país occidental hubiera asumido durante el siglo XX, o visto de otra manera, que si esos recortes se hubieran asumido en esos momentos, seguiríamos viviendo en cotas de desarrollo (tecnológico, industrial, etc…) similares a los de entonces. Qué me aspen si eso es progreso.

– Siguiendo en la delirante asunción de que el hombre es capaz de sintonizar una temperatura global media determinada, los objetivos de emisiones de CO2 puede que sean tolerables para los países más ricos (cosa que dudo), pero desde luego es una entelequia asumir que, por ejemplo, China, Brasil o la mayor parte de África, van a reducir sus emisiones a base de instalar placas solares y/o molinos de viento. Y por tanto “los esfuerzos” de recortar las emisiones serán en vano, porque el CO2 seguirá subiendo, y el apocalipsis será irremediable en cualquier caso.

En resumen, que todo el debate esta desacreditado en origen porque niega una realidad (la poca eficacia de las energías renovables que nos quieren endosar) y porque se basa en una hipótesis, el Calentamiento Global, que ha sustituido la razón (i.e. el Método Científico) por una mezcla de especulación, de presión de diversos lobbies y de propaganda.

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