Ni islamofobia, ni multiculturalismo: coexistencia.

Me sugería el sábado un lector en un comentario de la entrada que publiqué en agosto pasado, La islamofobia no es la solución al integrismo, que escribiera algo sobre mi visión sobre éste asunto a raíz de los atentados de París. Lo hacía con estas palabras:

A ver si haces una entrada con tu opinión sobre los tiempos post-CharlieHebdo. Aunque no esté de acuerdo contigo en todo, hacen falta opiniones razonadas que hagan frente a dos discursos falsos y dañinos:

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1) El racista idiota, en ocasiones pseudonazi, que analiza el tema desde presupuestos simplones y falsos. Por ejemplo, ligando el terrorismo islamista a la inmigración, cuando los terroristas no son inmigrantes.

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2) El progre-suicida, de una estulticia que asusta. Ejemplo, los dibujantes de la revista quejándose de tener el apoyo de católicos o derechistas. Otro, los análisis que desligan los crímenes del Islam y lo relacionan con “la pobreza” o tonterías similares.

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Es casi imposible leer opiniones razonadas y sensatas. Dale.

Como se da la circunstancia de que últimamente me acechan cargos de conciencia por no actualizar este blog (y por comentar muy poco en otros), en combinación con la máxima de que los deseos de los lectores son obligaciones para el bloguero (más o menos), finalmente he decidido recoger el guante y escribir unas líneas.

Y es algo que no pensaba hacer porque creo que varios amigos han hecho ya una excelente labor a éste respecto, y un compendio consistente de opiniones se puede (y se debiera) leer en el vecindario digital, tanto con opiniones cercanas a mi postura, en artículos como los de Pablo (Tiempo de Prosa) en Vigilia pretium libertatis, Miguel. A. Velarde (Una pequeña defensa de algunos principios básicos) en Desde el Exilio, y Luis I. Gómez (Europeos patriotas contra la islamización de Occidente) en Libertad Digital; como también en clara confrontación cómo son los de Arturo Taibo en Desde el Exilio(clara, total, fácil y rápida) VICTORIA ISLAMISTA, Plazaeme en Plaza Moyua, Contra las ideas asesinas, y Luis en su serie en el Cántaro del AguadorJe ne suis pas Charlie Hébdo (I, II y III).

Ninguno de los artículos que he enlazado en el párrafo anterior se pueden asociar con los dos grupos que se citan en el comentario, obviamente, sin embargo cierta gente con tendencias maniqueístas, reduccionistas y/o incapaces de distinguir las escalas de grises, solo reconocen los extremos y se cargan así cualquier opción de debate racional y sosegado. Todo un hándicap cuando hablamos de un problema lleno de matices, precedentes, causas y consecuencias, y que, seamos claros, sobre el que nadie tiene una receta que garantice una solución a corto o a medio plazo (entendiendo que a largo plazo, la educación y la erradicación de la pobreza eliminará éste y todos los demás problemas del ser humano).

No me voy a entretener entonces en desacreditar estas posiciones extremas, no porque considere que los extremos se desacrediten solos por su cualidad de extremos (una postura extrema puede ser perfectamente correcta frente a cualquier otra posición), sino porque sus argumentos son pobres, incoherentes y no aportan solución alguna al problema.

Los primeros, los que establecen una correspondencia biyectiva entre terrorismo (o fanatismo) y musulmanes, y sugieren que la solución pasa por cerrar las fronteras (y expulsar a todos los residentes de origen islámico), ni siquiera son capaces de percatarse de lo impracticable de su propuesta, entre otras muchas razones (de índole político, social, ético, logístico, etc…), porque la mayoría de los musulmanes que viven en Europa son mucho menos fanáticos (i.e. mucho más occidentales) que ellos mismos, o dicho de otra manera, sobran más ellos que los `moros´.

De los segundos, los progres, qué se puede decir que no se haya dicho ya, gente que denuncia la islamofobia y mientras, practica hasta la náusea la judeofobia y la cristianofobia. Los mismos que reclaman el derecho a la blasfemia pero quieren prohibir el piropo. En fin, no merece la pena gastar más renglones con ellos, que se encarguen sus pastores de Podemos.

Sin embargo si que voy a intentar confrontar la postura de aquellos que centran el problema en el Islam, o en el Corán, y por tanto, solapadamente, en todos aquellos que están relacionados con el Islam (tengamos en cuenta que hay muchos “musulmanes” cuyo vínculo con el Islam es laxo, cultural, cuando no inexistente, exactamente lo mismo que pasa con los “cristianos” y los “judíos“).

En momentos críticos, después de atentados grandes o especialmente violentos, y quizá comprensiblemente, los mensajes descerebrados y huecos de los extremistas se solapan con los argumentos más elaborados y sensatos (i.e. más legítimos) de aquellos que, de alguna manera, finalmente, terminan llegando a las mismas conclusiones (más o menos edulcoradas): que la culpa es del Islam, o que el Islam fomenta el odio, o que hay que erradicar el Islam de Occidente, o que los musulmanes son unos tarados porque el Corán les aboca a ello, etc… Si transformas esta frase a su equivalente islamista (la culpa es de Occidente, Occidente fomenta el odio, o que hay que erradicar las señas occidentales de los países musulmanes, o que los occidentales son unos tarados porque su laicidad les aboca a ello, etc…) verás que dichas posturas, salvando las distancias, degradan a los que las mantienen hasta el mismo nivel que los fanáticos integristas. Y esta simetría, a pesar de las distancias insisto, es en sí misma un argumento para replantearse las posiciones. Porque en mi opinión el objetivo complementario de occidente (aparte de machacar a los fanáticos), debería ser que esas distancias se mantengan, y a ser posible que aumenten.

Y es que la fuente de mi rechazo a considerar al Islam como la piedra angular de la existencia de estos fanáticos (como si el fanatismo fuera una marca exclusiva de la religión, del Islam en éste caso) me parece más bien un sesgo cognitivo (Non sequitur, si queremos afinar: “casi todos los terroristas son musulmanes => casi todos los musulmanes son terroristas“), y no un argumento central en la lucha contra el integrismo. Y aún aceptando que las muestras de apoyo de algunas comunidades musulmanas en Europa ronde el 25%, el porcentaje de musulmanes en disposición de dar un paso decidido hacia al salvajismo terrorista es al menos tres o cuatro órdenes de magnitud menor (de lo contrario estaríamos hablando de cientos de millones de terroristas en potencia lo cual es absurdo lo mires por donde lo mires).

ReligionesY no es una postura la mía que se derive de mi amor a la corrección política, o a mi cercanía al libro de estilo progre, es estrictamente una consecuencia directa de mi cosmovisión de la naturaleza humana, en la que el derecho de las personas a mantener unas creencias religiosas determinadas (o a prescindir de ellas), no es solamente un principio básico, es inseparable del hecho empírico contrastado por la Historia de que los seres humanos (en su inmensa mayoría) han necesitado de la Fé como motor más o menos esencial de sus vidas, algo que por mucho que se empeñen los integristas ateos (una minoría en el ya de por sí minoritario 4% ateísta) no tiene pinta de cambiar en un futuro próximo.

O utilizando otras palabras, no soy capaz de defender a capa y espada como defiendo, a cristianos y judíos de los continuos ataques de integristas ateos, cristianófobos y judeófobos; y no hacer lo propio con los muchísimos musulmanes que se integran perfectamente en nuestra sociedad, o que viven en paz en la suya, y que repelen de oficio, y habitualmente también sufren, la barbarie de una minoría de sus correligionarios que han hecho una mala digestión del Islam y del Corán, de la política, de la sociedad, del mundo moderno y de toda la realidad en general. No soy capaz de convertir lo excepcional, un islamismo fanático atroz, en la norma con la que identificar automáticamente el carácter de cientos de millones de personas pacíficas, humildes y esencialmente laicas (diga lo que diga el Corán).

Y si la postura de los que señalan al Islam se puede confundir con la de los islamófobos, la postura de tolerancia con los musulmanes se puede confundir con los multicultis progres. Y es un error. Porque el apoyo a los musulmanes es selectivo, condicional, no es un cheque en blanco, está sujeto al menos a los siguientes presupuestos:

  • Los pilares básicos de la cultura occidental son innegociables: igualdad, derechos humanos, libertad de culto, libertad de expresión, laicismo, respeto a la autoridad, sistema de organización política en base a principios democráticos, rechazo de la violencia…
  • Se aceptan todas las peculiaridades de la cultura musulmana si (y solo si) no entran en confrontación con los principios fundamentales mencionados en el punto anterior.
  • En un escenario como el actual, en el que los fanáticos se camuflan entre los musulmanes de bien, es necesario asumir que ciertas garantías constitucionales de los países de acogida, puedan ser eventualmente vulneradas en aras de la seguridad global. ¡Qué le vamos a hacer!.
  • Cabe exigir a las comunidades musulmanas un especial compromiso y una actitud proactiva en la lucha contra el fanatismo islámico, algo que tendrá además el efecto colateral de ser una excelente forma de combatir la islamofobia.

En resumen, mi propuesta es mantener una actitud que huye de la islamofobia pero sin caer de bruces en el multiculturalismo extremo, una reivindicación de la civilización y cultura occidental, de defensa de sus señas de identidad, pero intentando no olvidar que una parte muy importante de esta se basa en la solidaridad, la aceptación (ordenada) de inmigrantes independientemente de sus condiciones políticas, sociales y religiosas, y en la convivencia entre personas bajo el amparo y el imperio de la ley. Es decir, en una sola palabra, coexistencia.

Coexist

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