Una distopía imposible

Supongamos un escenario político que fuera la imagen especular del actual, y la capital de España estuviera a punto de caer en manos de un partido fascista, que sin haber ganado las elecciones, contara con el apoyo tácito e indisimulado de un PP con la mitad de concejales/votos, que los había repudiado, por fascistas, durante los meses anteriores. ¿Os imagináis lo que estaría diciendo ahora mismo el PSOE y sus trovadores en los medios? No es difícil hacerse una idea de los argumentos, y además no nos quedaría otra que admitir que muchos de ellos son legítimos cuando no irrefutables: no es tolerable una alcaldesa fascista, una especie de Pilar Primo de Rivera aupada por una turba de mozos enfundados en camisetas azules cantando el Cara al Sol.

En cambio mucha gente ve estupendo y promociona la alcaldía para una señora comunista, integrada en un grupo de inspiración bolivariana con ideas imposibles para un país occidental, que supone una agresión para el sentido común de cualquier persona medianamente sensata.

Hay varias razones que convierten esta distopía en imposible, y que hacen que este defecto en la simetría tenga consecuencias dramáticas en España.

Mariano "el fascita"

Hay gente que cree que el fascismo es un problema real hoy en España, y se pregunta cómo es posible que un partido fascista como el PP llegue al poder, ver http://cinereverso.org/?p=7900

Primero, porque afortunadamente el fascismo fue erradicado el siglo pasado. En estos lares por ejemplo, lo más cercano al fascismo, el falangismo, fue desactivado en los cincuenta (convirtiendo en burócratas a sus gerifaltes), y en el 75 estaban ya más que agujereados y controlados por las altas instancias gubernamentales, calladitos y sin hacer mucho ruido.

Desde entonces el falangismo solo ha contado con el escaño que obtuvo Blas Piñar en las segundas elecciones democráticas, en 1979 (frente a los 23 de un Partido Comunista, con todo, más moderno que el actual, o a los 3 de los etarras de Herri Batasuna), y sus herederos hoy (FE De Las JONS y una coalición que reúne a todos los que no se encuadran en la anterior), por hacernos una idea, han sacado 3338 votos  (0.21 % de los votos válidos, uno de cada quinientos) para el ayuntamiento de una “ciudad facha” como Madrid. No parece muy peligroso.

A no ser que hablemos del “fascismo” con el significado que adquiere tras el paso de la apisonadora semántica de la corrección política, especialista en vaciar de contenido palabras y conceptos perfectamente definidos (véase “facha”, “sostenible”, “democrático”, “globalizado”, “neoliberal”, “franquista”,…).

Pero entonces el término “fascista” se convierte en un simple adjetivo, con sus connotaciones políticas aguachinadas, y si nos ponemos así, su aplicación más legítima sería “fascismo de izquierdas“, término acuñado por Jürgen Habermas a finales de los sesenta en referencia a los grupos estudiantiles radicales en la Alemania de la época, pero que tiene una sencilla extrapolación a la izquierda extrema, neocomunista, anticapitalista o antisistema actual.

Vota ComunistaSegundo, porque una buena parte de la izquierda no ha hecho los deberes doctrinales, no se ha modernizado, y considera todavía que lucha contra el fascismo, el imperialismo, el capitalismo, los terratenientes, el clerolas injusticias y demás memes acuñados entre el siglo XIX y el XX; más los añadidos tras la Caída del Muro de Berlín a finales de los ochenta, joyitas como la judeofobia, la cristianofobia, la ecologitis crónica, la lucha de sexos (a estas alturas), la “lucha” contra el Calentamiento Global (ja) y el Peak Oil (ja), o cualquier otra cosa que se les vaya ocurriendo que no se aleje mucho del maltusianismo.

El drama se produce al trasplantar ese esquema ideológico a España, porque más allá de las distorsiones naturales del proceso, tenemos la desgracia de que aquí esa izquierda moderna que mantiene unas líneas rojas infranqueables, que existe en toda Europa, está abducida por los grupos más descerebrados, o lo que es peor, está controlada por los que aún sabiendo que manejan unos planteamientos estúpidos, utilizan la inercia creada por más de 30 años de socialismo a los mandos de la Educación, los medios de comunicación y los recursos del país, por argumentos meramente electorales, o como diría un tertuliano, tacticistas.

En cualquiera de los casos, descerebrados o espabilados, es una corriente que manda, que copa los medios y que por supuesto infiltra todos los estamentos de la sociedad, especialmente los públicos y colindantes. Y con estos mimbres basta una buena campaña publicitaria para convertir su techo electoral, que tradicionalmente se difuminaba entre PSOE e IU, en lo que hoy es un monstruo de dos cabezas y ningún cerebro.

EvoyTercero. La derecha en España es muy heterogénea, hay sensibles diferencias entre un democristiano, un conservador o un liberal, distintos grados de tolerancia de los unos con los otros, e incluso puntos de vista inconciliables (sobre el aborto, el modelo educativo, la fiscalidad…), de manera que es muy difícil juntar masas críticas sociales que remen en una sola dirección. Tan difícil que el PP no ha aprendido a hacerlo en casi treinta años, a pesar de la legitimidad democrática de los millones de personas que “no votan izquierda” que conforman su huerto electoral.

Aunque en su descarga se puede argumentar que la tarea no es fácil, no es una simple cuestión de comunicación, no es lo mismo “comunicar” frente a un rebaño homogéneo y altamente susceptible a la manipulación, que hacerlo frente a uno heterogéneo y crítico con cada movimiento. Y menos si como Rajoy, te encuentras bajo fuego mediático desde todos los frentes, a menudo y de una manera especialmente cruel desde medios supuestamente amigos, que le consideran poco menos que responsable, si no cómplice, del Podemismo.

La derecha, en España y en Europa, esta constreñida por el corsé de la corrección política que beneficia claramente a la izquierda, y ha ido asumiendo las diferentes ruedas de molino socialdemócratas que son intocables (el “Estado del Bienestar”, el Cambio Climático, y no pocos términos de la neolengua y el doblepensar  que tan bien ha adaptado de Orwell el progresismo). Y esto, siendo esencialmente triste, tiene la ventaja de que aleja a los liberal-conservadores automáticamente de cualquier sospecha de cercanía al fascismo, y por tanto sería imposible que en un caso simétrico al actual, el PP pudiera meterse en la cama con los partidos de inspiración fascista, o que los trovadores del PP estuvieran, como lo están haciendo ahora los del PSOE en el mundo real, quitando hierro al fascismo, aceptándolo como animal democrático de compañía, y justificando lo que es injustificable desde cualquier punto de vista mínimamente racional.

Pero ojo, el asunto es peligroso, aunque sigo pensando que las próximas elecciones generales pondrán a cada uno en su sitio, es más que patente el peligro de un PSOE ávido de poder, convencido de adoptar a los enanos crecidos (en vez de dejarlos hozar en su cuarto oscuro, llámese IU o llámese Podemos), y que será tolerante con la versión dulcificada (para no espantar votantes) del comunismo podemita que están a punto de presentarnos.

Full Communism

Así que procedo a abrir una etiqueta a Podemos, (Podemitis, etimológicamente `inflamación de Podemos´), algo a lo que me he resistido desde que empezaron su show, pero que sospecho volverá a aparecer en NMSP.

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