Científicos, impostores y mensajes subliminares.

Me da exactamente igual la lucha “periodística” entre El País (ahora “facha” según muchos “analistas”) y El Mundo (en cuclillas tiritando de deseo por captar al público más dócil y sencillo del mercado, “el de progreso”). Al final ambos cuentan con excelentes profesionales, articulistas, etc… y siempre se pueden aprovechar determinadas porciones de su producto, si es que eres consciente de los sesgos, y te importa un carajo la franja ideológica que ocupen, o que eventualmente intercambien su rol. En todo caso la esencia para un observador razonablemente neutral, está, a mi modo de ver, en detectar cuál es el medio que mayor/menor tasa de estupideces expele por unidad de tiempo (o de edición, a elegir).

Esa respuesta que siempre hemos tenido a mano (La SER, El País y ocasional pero frecuentemente RTVE y las Autonómicas), incluso demencialmente a mano (La Sexta, Cuatro, Público…), puede estar difuminándose con el advenimiento de la nueva política (idéntica, por cierto, a la vieja política, la que viene siendo desde Platón, a Maduro, pasando, por supuesto, por Maquiavelo o alternando nuestra contemporánea interpretación ibérica).

Científicos e Impostores (clic para leer el artículo)

Al menos en la sección “divulgación científica”, entendida como la exposición para no-especialistas del estado del conocimiento humano sobre la Naturaleza, y concretamente en su dimensión “pseudo-ecologista”, El Mundo está adelantando por abajo a los “líderes” indiscutibles de la cosa (principal pero no exclusivamente las viudas de ZP que definía Leguina -La Sexta, Cuatro, Público).

Viene esto por un artículo con el que me tropecé ayer, Científicos e impostores, de Rafael Bachiller, un `empleado´ nuestro (vuestro, tuyo, mío, de todos en tanto que servidor público) como director del Observatorio Astronómico Nacional del IGN. En él se habla de la pseudociencia, muy livianamente sin pretender profundizar en el concepto -lo cuál sería su perdición-, y sin percatarse de que en ocasiones los científicos, sin querer o queriendo, hacen pseudociencia (o se les acusa de ello) por diferentes condicionamientos psicológicos (o sociológicos), filosóficos (o teológicos), o por aspectos meramente circunstanciales y/o políticos -(*) ver nota histórica al final-, pero que en ningún caso se asigna ese calificativo en función de factores ajenos al Método Científico: si se ajusta a él es Ciencia, si no lo hace pero lo simula, es pseudociencia, y si no lo hace pero lo simula y además utiliza el engaño y la propaganda para vender sus conclusiones, entonces estamos ya ante algo muchísimo peor que la pseudociencia, el fraude.

Os pongo aquí el cacho que me ha subido las pulsaciones y que me ha hecho despotricar en Facebook cuando he llegado a casa -en principio precisamente como antídoto para evitar escribir una entrada en NMSP, aunque no ha debido de funcionar porque al final aquí estoy detallando la razón de mi “molestia”. Éste es el párrafo:

“…Otro caso de incredulidad ya clásico es el existente hacia el cambio climático. Nadie debería dudar hoy de las conclusiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), un conjunto de casi un millar de científicos repartidos por todo el mundo que trabajan conjuntamente bajo el apadrinamiento de la ONU y que ya ha sido galardonado por un Premio Nobel. En su último informe, el IPCC ha sido más tajante que nunca desde su constitución hace ya 25 años: la temperatura de la superficie de la Tierra se ha elevado de 0,8 grados durante los últimos 130 años y la acción humana es, con muy alta probabilidad, la principal causa de este calentamiento desde mediados del siglo XX. Ningún experto en el tema parece dudar ya de estas conclusiones. Y, sin embargo, todavía hay un gran número de incrédulos que piensan que el calentamiento global es un engaño. Tan solo un 40% de los estadounidenses acepta hoy que la principal causa del calentamiento pueda ser la acción humana. Hay quien cree que los científicos y los ecologistas han inventado esta historia del calentamiento con el fin de conseguir mejor financiación para sus investigaciones y actividades; y algunas de las empresas que comercializan combustibles fósiles sin duda han jugado un papel importante respaldando a quienes defienden estas ideas, y tratando de manipular a los medios de comunicación.

Cada frase es un despropósito, una falacia o una tergiversación, sospecho que consciente (lo contrario sería acusarle de ignorante), cubriendo algunos de los principales memes del Alarmismo Climático, que solo se sostienen a base de toneladas de propaganda como la que subliminalmente nos quiere administrar aquí el señor Bachiller. Por orden de aparición, más o menos:

  • Nadie duda del Cambio Climático, la propia definición de Clima es dinámica, si no lo fuera no existiría como Ciencia, o sería una Ciencia absurda por la irrelevancia que tiene predecir el comportamiento de algo que no cambia 😉 . Por tanto sugerir que los escépticos del alarmismo niegan que el Clima cambia, no es más que un grosero hombre de paja, que no lleva a otro sitio que a la vergüenza ajena.

  • ¿Por qué no debería nadie dudar de “las conclusiones” de nadie? Si nadie “dudara” probablemente estaríamos todavía haciendo fuego con dos palos, o no haciendo fuego y por tanto congelados en la última era glacial, un `cambio climático´, por cierto, que se produce periódicamente en el planeta. Por supuesto no se puede dudar de todo, hay cosas bastante seguras, pero no hay que ser científico, ni siquiera listo, para darse cuenta de que el valor de la Temperatura Media Global del planeta dentro de cien años no está entre ellas. Son tantas las variables en juego, conocidas y desconocidas, y es tan patente la vulnerabilidad a los cisnes negros de cualquier modelo que pretenda describir el Clima terrestre, que cualquier “experto” que garantice una certeza sobre un valor concreto (como el absurdo “límite” de los 2ºC) debiera ser descartado de oficio (por activista, por timador o por ignorante).
  • El IPCC es una agencia de la ONU que no investiga y que está formada por unas pocas decenas de funcionarios que reciben órdenes políticas en una estructura perfectamente jerarquizada, y por tanto incompatible con la Ciencia, y que se nutre de miles de voluntarios que recopilan y revisan la literatura que se publica en las múltiples áreas de estudio (científicas en general, físicas, biológicas, ecológicas, económicas, geopolíticas, sociales…), y que a lo sumo pueden producir una foto más o menos desenfocada de la postura oficial ante los interrogantes, no sus respuestas, y menos la “realidad”. Y para estimar la magnitud del desenfoque, basta con pensar en las decenas de miles de millones de dólares de dinero público que se destinan al “Cambio Climático”, e imaginar el repertorio de mecanismos que se utilizan para obtener financiación para los proyectos, notando la diferencia entre que el título lleve las palabras mágicas o no. El resultado es la producción de investigaciones aberrantes como las de la famosa warmlist.
  • También, el hecho de que se salte el “detalle” de que el Nobel al IPCC no fue el que le correspondería a un organismo científico (en éste caso concreto seguramente sería el de Física, quizá, colateralmente el de Química o el de Economía), sino al más político y por tanto polémico de los Premios Nobel: el de la Paz, no necesita mayor explicación. Si existiera una amenaza climática inminente y altamente probable, y alguien presentara evidencias sólidas sobre ello, caerían varios Nobel en Física, antes de que ningún organismo político oliera el de la Paz.
  • La temperatura del planeta viene aumentando desde la Pequeña de Edad de Hielo, en torno al siglo XVII, en ese sube y baja habitual en el Holoceno (ver por ejemplo esta reconstrucción de temperaturas del hemisferio Norte fuera de los trópicos). Lo cierto es que todas las evidencias apuntan a una corrección a la baja de la sensibilidad climática, y un replanteamiento severo (y también a la baja) de los modelos numéricos que sustentan parte de la narrativa catastrofista.
  • La cantinela del “con muy alta probabilidad” es especialmente irrisoria si te das cuenta de que la “probabilidad” es pactada entre los expertos y no calculada a partir de los valores de las diversas fuentes de error, algo para lo cuál haría falta comprender los variados mecanismos que entran en juego en el Clima terrestre, y su influencia en las diferentes periodicidades temporales. Y que haya muchos científicos que no estén de acuerdo con este “sistema” de medir la incertidumbre, y que se aguanten la risa, es lo normal. Es más, de hecho la anomalía sería lo contrario, que nadie dijera nada, que es lo que el articulista parece intentar inculcarnos, sin éxito. Para más información puedes empezar en este hilo de la Dra. Judith Curry, 95% (?) -de donde saco el dibujo de Josh a la derecha- y seguir con éste otro sobre el problema de la atribución, The logic(?) of the IPCC’s attribution statement, es decir, el reparto de “responsabilidades” -en el calentamiento de la segunda mitad del siglo XX- entre “Humanos” vs. “Naturaleza”.
  • Mucha gente es lo suficientemente valiente (o independiente) como para alejarse del Alarmismo, y aunque tenga las conclusiones del IPCC como referencia teórica, desprecia las formas, los métodos y muchas de las conclusiones de la jerarquía ortodoxa. A modo de aperitivo se puede utilizar ésta incompleta lista de científicos que se oponen al mainstream del Clima, muchos de ellos de primera línea, o esta lista de más de 1300 artículos científicos revisados por pares que apoyan los argumentos escépticos. Mi impresión es que esto es solamente la punta del Iceberg, y muchos de los científicos involucrados en proyectos climáticos, hablan escéptico en la intimidad. 👿
  • Puede que el 40% acepte una hipótesis particularmente difusa sobre la atribución del Calentamiento Global de la segunda mitad del siglo XX, a la que se da publicidad por tierra, mar y aire, pero desde el punto de vista científico no significa nada, y desde el punto de vista sociológico sólo significa que hay todavía una mayoría de ciudadanos (el 60%) lo suficientemente sensata para desconfiar de los mensajes alarmistas. De hecho la percepción del Calentamiento Global como un problema urgente está en mínimos históricos (ni entre los 10 primeros en USA, donde el bombardeo es más intenso si cabe, teniendo a su Presidente Obama, también Nobel junto al IPCC/Gore, como principal activista de la causa).
  • La realidad es compleja, pero la sinergia entre políticos, empresarios, lobbies y científicos no es un caso excepcional en la Historia de la Ciencia, y tenemos un ilustrativo ejemplo en el caso de Marshall y Warren, premios Nobel de Medicina, por su descubrimiento de la bacteria Helicobacter pylori como la responsable de la mayoría de los casos de gastritis y úlcera, en contra del consenso fomentado por la industria farmacéutica (que vende millones de píldoras anti-ácido todos los años) y los lobbies médicos que achacaban al estrés estas patologías.
  • Más ridícula si cabe es la teoría de la conspiración que sugiere que las compañías petroleras financian a los escépticos para sembrar la duda. Y es ridícula en dos dimensiones distintas. Primero porque incluso aceptando esa financiación como cierta y significativa, es totalmente irrelevante desde el punto de vista científico: a la Naturaleza le da igual de dónde vengan los fondos que permiten investigarla, al final la realidad, o los modelos que más se ajustan a ella solo responden a las leyes que dicta el Método Científico, y todo lo demás es ruido. Y segundo, por la abismal diferencia entre lo que unas pocas compañías y Think Tanks aportan a “investigaciones alternativas”, y los centenares de miles de millones  de dólares de dinero público que se (mal) gastan en políticas relacionadas con la difusión de las tesis oficiales, incluidas las más tóxicas, las alarmistas.

En resumen, que el autor nos ha endosado en un párrafo de un, por lo demás, “inofensivo” artículo, un surtido de falacias y falsedades que pretenden crear en el lector la idea de que los escépticos del clima están chiflados (al mismo nivel que los que se niegan a vacunar a sus hijos, o los que creen que el hombre no pisó la luna, o los homeópatas, astrólogos, parapsicólogos…), que la Ciencia alarmista es sólida y nos enfrentamos a un cataclismo inminente, y que por tanto es legítimo acallar, acosar, arrinconar y despreciar automáticamente a cualquiera que se separe un milímetro (o un ºC) de los dogmas oficiales.

El problema está en que para cualquier persona medianamente racional, las taras mencionadas antes son absolutamente evidentes, y de ahí a darse cuenta de que son ellos, los alarmistas, los que están chiflados y tienen una visión sesgada de los hechos que es incompatible con la Ciencia, va sólo un paso, el paso que muchos esperamos sea mayoritario durante el previsible y sucesivo deterioro de las tesis alarmistas.

(*) Hay ejemplos de todos los colores en la Historia de la Ciencia, por citar algunos y no dejar la frase -“…sin percatarse de que en ocasiones los científicos, sin querer o queriendo, hacen pseudociencia (y mala Ciencia que es peor) por diferentes condicionamientos psicológicos (o sociológicos), filosóficos (o teológicos), o por aspectos meramente circunstanciales y/o políticos“- coja:

  • El experimento de Millikan y la pseudociencia es una ilustración perfecta del primer y quizá del tercer condicionamiento externo (Feynman lo explica mejor).
  • Toda la Astronomía, la Química, la Medicina ha pasado la mayor parte de su historia coqueteando con la pseudociencia, ésta, de manera bien entendida (eliminadas las connotaciones negativas, ganadas a pulso desde la segunda mitad del siglo XX), en el sentido del mencionado Feynman, es una simple categoría en la que viven ramas enteras del saber como son las Ciencias Sociales, que sin degradarlas, sólo describe el hecho de que el Método Científico, dependiendo de la disciplina, es inaplicable, irrelevante o, a veces, contraproducente. Es decir, que estamos ante un asunto epistémico, o metodológico si se quiere, pero que en todo caso es irrelevante a la hora de decidir qué hipótesis es correcta y cuál no lo es. Y en ese sentido, una teoría como la que nos trae el alarmismo, con centenares de variables conocidas y desconocidas, con sistemas con reconocido comportamiento caótico, o no lineal, con dependencias incontrolables por su propia naturaleza, tanto naturales (vulcanismo, irradiación solar, meteoritos…), como humanas (socio-políticas, conflictos bélicos, cambios de paradigma energético…), se termina pareciendo mucho más a una pseudociencia que a una Ciencia real, y menos todavía a una Ciencia Natural.
  • (In)Determinismo, Relatividad, Mecánica Cuántica, son tópicos en los que todavía quedan chiflados con explicaciones “alternativas” para fenómenos con toneladas de  validaciones empíricas (algo con lo que no cuenta, y no puede contar, la Climatología), y que por tanto es muy difícil que se vengan abajo excepto por cambios de paradigma que replanteen sus límites de aplicación. Ejemplo clásico: la Relatividad General implica que la Gravitación de Newton es incorrecta y que no es una descripción válida de la Naturaleza, y sin embargo Newton sigue funcionando espléndidamente en el 99.99% de la realidad, sin acritud.
  • Es posible encontrar a grandes científicos profundamente equivocados, antes, durante o después de que “el consenso“, siempre respaldado por el Método Científico, asumiera una teoría como un hecho científico, no siempre es fácil asumir los cambios de paradigma. Einstein o Schrödinger, entre otros, jamas asumieron el caracter intrínsecamente probabilístico (i.e. indeterminista) de la Mecánica Cuántica y por ende de la Naturaleza (ver por ejemplo el Debate Bohr-Einstein), y el concepto de éter se mantuvo en algunos científicos a pesar de su falsación definitiva en 1905 tras el éxito de la Teoría de la Relatividad Especial.
  • Tampoco se puede desestimar la influencia de la Religión en la evolución del conocimiento científico, especialmente en campos como la Astronomía, y es importante notar como la realidad científica siempre ha superado todas las presiones ajenas a la propia Ciencia. Y no siempre es trivial asignar un caracter positivo y catalizador, o uno negativo y retardante, a estos sesgos inevitables al abordar la realidad.

Actualización

 

Por supuesto, y como es habitual con estos iluminados, he sido inmediatamente bloqueado en su Twitter, cómo si me importara un carajo (o como si no pudiera leer sus tuits utilizando otro perfil). Animalicos.

@RafaelBachiller me censura

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