Burbujas de progreso.

1032px-Ggb_in_soap_bubble_1Una de las claves del éxito de la comunicación progresista está en los propios cimientos del ecosistema progre. Tener (o exigir a otros) una estructura moral binaria (SI/NO) en la que los matices dejan de ser significativos, te permite tener automáticamente preseleccionado no sólo tu círculo social, inmaculadamente de progreso, sino también tus fuentes de información, tus medios recomendados, tolerables y prohibidos, tus gustos cinéfilos, literarios, musicales… en fin, tu cosmovisión, tu burbuja de realidad confortable, desde la que, por contra, es imposible validar (por confrontación) tus posturas.

Contra esta premisa los progres más atentos argumentan que eso nos pasa a todos, que todos tendemos a mantener una visión sesgada de la realidad marcada por nuestras propias circunstancias, la cultura, el entorno, etc.

Y es un argumento de peso, en cierta medida todos tendemos a agruparnos de manera relativamente homogénea, en una burbuja compartida de realidad.

Pero ésta burbuja nunca es perfecta en general fuera de la izquierda, ni siquiera es única, afortunadamente, y además hay frecuentes interacciones entre burbujas diferentes, que si no juzgas con un simplón SI/NO, son perfectamente viables, saludables y mutuamente provechosas.

Esta no dualidad a la hora de juzgar principios ajenos implica por descontado una mayor exposición a otras cosmovisiones, de manera que espontáneamente surgen zonas de confluencia, áreas de consenso en las que democristianos, conservadores, liberales, socialdemócratas, que son las cuatro referencias políticas en occidente, y que son, lógicamente, a su vez empresarios, obreros, oficinistas, amas de casa, pensionistas… (las clases marxistas están bastantes difuminadas en el siglo XXI, me parece), pueden coexistir en un ambiente libre de estridencias, lo que a su vez promueve de forma natural y retroalimenta esa convivencia (o la tolerancia o el talante Zapateril que les gusta decir). que se supone es objetivo principal de la civilización occidental moderna.

1024px-Reflection_in_a_soap_bubble_editLa otra pega al argumento progre de que todos tenemos una visión sesgada al fin y al cabo, nos viene impuesta por el hecho de vivir en un continuo baño María mediático dominado por la corrección política, con su compendio de pecados laicos según la gravedad de la ofensa, en cada una de las dimensiones de la vida, y con su sutil pero inquebrantable código de auto-censura.

Esto nos permite entender progresí perfectamente, y poder acceder en cada momento al repertorio de argumentos, bien trituraditos (en formato eslogan) y administrados por sus juglares habituales. Sabes perfectamente en cada momento a quién hay que criticar y a quién no, qué excusas/exageraciones se deben utilizar, y en definitiva cuál es la postura correcta oficial.

De ésta manera cuando vuelves a tu burbuja, y recapacitas, te das cuenta de que en muchas ocasiones, son tan patentes sus contradicciones que es imposible que tras un mínimo contraste, una persona medianamente sensata, por muy progresista que sea, no tire a la basura la mitad de sus presupuestos.

Y en este teatrillo de burbujas, cuando esta gente habla en nombre “de la sociedad”, “de la ciudadanía”, “el pueblo”, “los vascos y las vascas”, están siendo honestos consigo mismos, pero sólo consigo mismos, y ese es el problema. Porque en estas condiciones es casi imposible ver un poco más allá de tu burbuja, tu realidad está distorsionada, tanto lo que ves por dentro como la realidad externa, y el único mecanismo correctivo es romper esa burbuja.

Y si no se rompe, se producen infecciones que pueden contaminar volúmenes considerables de la burbuja de progreso y convertirse en un cuerpo carcinógeno, y a medio plazo, si no se trata, volverse letal. Dejo al lector que haga las analogías que considere oportunas con la situación política en España hoy.

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Imágenes por Brocken Inaglory via Wimedia Commons.

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