Los privilegios de los musulmanes según César Vidal.

yes_no

Distorsionar la información para obtener el resultado que encaja con tus presupuestos es un sesgo reconocido desde la antigüedad, se denomina sesgo de confirmación.

He tropezado con un editorial de César Vidal que es un excelente ejemplo de cómo se fomenta el odio a los musulmanes a partir de conclusiones defectuosas basadas en información sesgada:

Te puedes saltar el inevitable MacGuffin wiki-erudito (esta vez nos habla del parasitismo de puesta del cuco común, el cuculus canorus no puede evitar especificar el locutor, basándose en la revista “científica” Quo) para ir directamente a la chicha de la locución (a partir del minuto 3:23) en el que se analiza, como veremos sin el menor “ánimo de ser exhaustivo“, el listado oficial de las “Ayudas al arrendamiento de la Comunidad de Madrid 2016“.

Mejor dicho, analiza exclusivamente la primera página, y con dos cojones la extrapola al resto del listado, y cómo en tal pagina encuentra una mayoría de nombres árabes, la conclusión es que toda la lista (64 páginas y un total de 4484 beneficiarios) sigue el mismo patrón (“sólo 2 españoles entre los diez primeros, ninguno entre los diez siguientes, uno entre el 20 y el 30, y otro entre el 30 y 40” aclara para sus oyentes). Evidentemente si hubiera examinado los datos un poco más a fondo, se hubiera dado cuenta de que ese patrón no es uniforme a lo largo de la lista, de hecho ni siquiera es representativo. Por ejemplo, si en vez de la primera página utiliza la penúltima se encontrará con que sólo hay dos musulmanes (de 70 nombres), o que en las páginas del medio podemos encontrar como norma un máximo de un tercio de musulmanes.

No puedo confirmar cuál es el origen de ésta “irregularidad” en la distribución de apellidos árabes, pero lo más seguro es que la tabla esté diseñada agrupando municipios (o quizá distritos postales), y tal falta de homogeneidad en la densidad de apellidos árabes simplemente refleje la correspondiente dispersión de los musulmanes en la Comunidad de Madrid, de tal manera que en los pueblos de “alta” densidad migratoria, lo que se refleja es que las ayudas han sido mayoritariamente concedidas a extranjeros, y entre ellos a los de más difícil integración, es decir a los musulmanes.

Tampoco pretendo analizar la lista a fondo, no me interesa lo suficiente el dato, pero me parece más realista asignar unas proporciones en torno al 40% a “musulmanes” extranjeros, 30% a “cristianos” no españoles y 30% a “católicos” españoles (asumiendo que la religión es el parámetro relevante, negando la existencia de ateos, y siguiendo con una visión teísta del mundo similar a la de la Edad Media o equivalentemente, a la del ISIS o los propios islamófobos del siglo XXI), que no el 90% de musulmanes que nos pretende endiñar el entrañable periodista.

Ahora cuantifiquemos los “privilegios” que pagan los españoles a los musulmanes (en realidad se refiere a los ciudadanos que pagan impuestos, independientemente de su religión). A continuación se puede ver un gráfico obtenido a partir de los Presupuestos Generales de la Comunidad de Madrid para 2016:

El gráfico está confeccionado a partir de la tabla que aparece bajo el epígrafe que comienza “La distribución funcional de los estados de gastos consolidados…“, en el punto 9 del artículo 2 del Título I del Capítulo I, de los presupuestos enlazados antes (y ahora).

En el punto II del preámbulo puedes confirmar que las ayudas al alquiler corresponden a la partida “Acceso a la vivienda y fomento de la edificación“, en el gráfico en morado-pablemos. En el ejercicio 2016, de los casi 500 millones que se asignan a éste apartado (el 2.44% de los presupuestos), la Comunidad de Madrid ha destinado 17 a ayudas de alquiler “laicas” (antes de distinguir por religión), es decir aproximadamente un 3.5% de la partida, es decir un 0.085 % (o en números redondos 85 euros de cada 1000) de los presupuestos generales. Y de éstas ayudas, empeñados como estamos en distinguir la religión de los beneficiarios, y según las conclusiones del apartado anterior, el 40% van a “los musulmanes“, es decir 0.034% (o en números redondos 34 euros de cada 1000).

Creo que es aproximadamente el 50% del IRPF lo que se va a las Comunidades Autónomas, por tanto para cerrar estas cuentas, hay que calcular cuánto de ese dinero que pagas va directo a subvencionar “los privilegios de los musulmanes extranjeros“, que depende del tramo de IRPF en el que te encuadres. Por ejemplo si ganas 25000 € brutos al año tienes que pagar el 30%, 7500€, de los cuales 3750€ se van para la Comunidad de Madrid, y el 0.034% de esa cantidad es aproximadamente 1.3 €. Al año. Parece tolerable.

Tampoco está de más recordar que estas ayudas consisten en “el 40% de la renta anual y con un máximo de 2.400 euros anuales por vivienda“, algo que espero tranquilice a Cesar Vidal en tanto que sus 1.3 € anuales no dan para muchos “privilegios” ni para musulmanes ni para nadie. Y eso me trae a la cabeza las decenas de miles de españoles (cristianos en el esquema medieval) que vivían en Londres en los 90 (o en Alemania hasta hace nada) aprovechándose del Income Support (el paro británico) en conjunción con el Housing Benefit que se concedía automáticamente a los desempleados, y que cubría hasta el 90% del precio del alquiler.

El sesgo de confirmación es un viejo conocido de la humanidad, desde la Grecia antigua de Tucídides (“[…] porque es un hábito de la humanidad confiar a la esperanza descuidada lo que anhelan y usar la razón soberana para apartar lo que no quieren.” Ref), a Francis Bacon en los albores del método científico (“El entendimiento humano, una vez que ha adoptado una opinión […] dibuja todo lo demás para apoyar y mostrar conformidad con ella. Y pese a haber un gran número de ejemplos, y de peso, que muestran lo contrario, los ignora o desprecia, prescinde de ellos o los rechaza.The New Organon, 1620, Aphorism XLV), o el paradigmático caso del experimento de Millikan para calcular la carga del electrón, y que explicaba Feynman en su maravilloso ¿Está ud. de broma, Sr. Feynman?:

Hemos aprendido mucho de la experiencia sobre cómo manejar algunas de las formas en que nos engañamos a nosotros mismos. Un ejemplo: Millikan midió la carga de un electrón en un experimento de caída de gotas de aceite, y recibió una respuesta que ahora sabemos que no tiene toda la razón. Está un poco agarrado por los pelos porque tenía el valor incorrecto para la viscosidad de aire. Es interesante observar la historia de las mediciones de la carga de un electrón, después de Millikan. Si se dibuja una gráfica de la medida de la carga en función del tiempo, se descubre que un dato es un poco más grande que el de Millikan, y el siguiente es un poco más grande que ese, y el siguiente es un poco más grande que ese, hasta que finalmente se asientan en un número que es mayor.

¿Por qué no descubrieron que el nuevo número era el inmediato superior?. Es algo de lo que los científicos se avergüenzan – de esta historia – porque es evidente que la gente pensaba cosas como esta: Cuando llegaron a un número que era demasiado alto por encima del de Millikan, pensaron que algo debía ser incorrecto – y buscaron y encontraron una razón por la que algo podría ser erróneo. Cuando llegaron a un número cercano al valor de Millikan no les pareció tan difícil. Y así eliminaron los números que estaban demasiado lejos, y otras cosas por el estilo. Hemos aprendido esos trucos hoy en día, y ahora no tenemos ese tipo de mal.

Evidentemente Feynman se refiere a que hoy en día no tenemos ese mal en la Ciencia, el método científico y la propia sociología del proceso de investigación están optimizados para minimizar estos problemas y otros similares. Pero eso no nos hace inmunes a sufrirlo en nuestro día a día, especialmente en entornos sin excesivo apego a la Ciencia, como es el caso del Periodismo.

Por ejemplo, en mi caso, defensor a ultranza del derecho de confesión religiosa (Artículo 16 de la Constitución española, Artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos) podría examinar de nuevo la lista de beneficiarios de las ayudas al alquiler, y utilizar el hecho de que entre los primeros cuarenta nombres a los que se les ha concedido la cantidad máxima (2400 € ó 200 €/mes), sólo diez (1/4 de ellos, el 25%) son árabes, y argumentar que se está cometiendo una discriminación por motivos religiosos. Es un dato cierto, pero asignar ese valor a una lista que tiene 1363 sucesos de la cadena “2400”, es cuando menos poco riguroso, y en todo caso deshonesto (¡he extrapolado los resultados utilizando nada más que 40 nombres (~3% de los que han conseguido el máximo)!). Si no quiero contarlos uno a uno, lo normal es asignar en origen la misma probabilidad de obtener la máxima subvención, o lo que es lo mismo, que ésta viene correlacionada con los valores que previamente he asignado al número de fieles de cada religión en la lista global (i.e. 40-30-30).

En fin, espero no haber liado la cosa y no haberme equivocado en las cuentas, es solo una estimación. Lo más importante que quería transmitir es que hay que tener mucho ojo cuando te quieren endiñar conclusiones zafias (y fomentar el odio hacia las personas en función de su religión está en el top de la zafiedad), por mucho que hablen de datos, o te adornen los argumentos con paralelismos absurdos, como es el caso de César Vidal y su cuculus canorus. Y que conste que César Vidal no es precisamente la peor instancia en los mundos islamófobos ibéricos, hay ejemplos repugnantes en la red, pero permitidme que no contamine esta entrada con semejantes bazofias.

Te podría interesar