Una española en la cumbre de la Climastrología.

Una española dirigirá la Comisión de Climatología, una organización creada en 1929 que en 1950 se integró en el entramado de la ONU a través de la Organización Meteorológica Mundial, y cuya misión es formalmente “estimular, liderar, evaluar y coordinar las actividades técnicas a nivel internacional según las directrices del Programa Mundial del Clima y del Marco Mundial para los Servicios Climáticos, con el fin de obtener y aplicar la información y el conocimiento climático en apoyo de el desarrollo socio-económico y la protección medioambiental”.

Si fuéramos nuevos en el teatrillo de la vida, o extremadamente ingenuos, no habría nada que discutir sobre la existencia de tal organismo o sobre sus (en principio) loables objetivos.

Sin embargo cuando no eres ni nuevo ni especialmente ingenuo, tardas segundos en sospechar que en realidad este enjambre de chiringuitos tiene como principal misión pastorear la información meteorológica, y profundizar en la narrativa del alarmismo climático y en su unicornio particular, esto es, el asumir que el ser humano actual es capaz de modificar, comprender, modelar e incluso sintonizar el clima futuro, a décadas o siglos vista. Por supuesto esto es una quimera por varias razones:

  • Sólo recientemente (las últimas décadas) empezamos a tener metodologías lo suficientemente robustas tanto en el área instrumental (especialmente satélites y boyas) como en el campo de la computación (mejores algoritmos, supercomputadoras, sistemas de información geográfica) , y por tanto es ahora cuando empezamos a tener datos más o menos fiables de las diversas variables climáticas.
  • Estudiar el clima de este planeta desde sus inicios hace 4600 millones de años (o 4000 millones si empiezas a contar desde que se formó la hidrosfera) obliga a analizar periodos de tiempo inmensos para la perspectiva humana, asumir que has de trabajar con diferentes escalas temporales, y que en general cuanto más atrás te vas en el tiempo peor es la resolución (o mayor es el error) tanto en la variable que se está analizando como en su posición en el propio eje temporal.
  • Nadie puede predecir cuál será el mix energético en una, dos, cinco o nueve décadas. Esto lo “solucionan” aplicando sus modelos numéricos a diversos escenarios de emisiones (primero los SRES hasta el informe del IPCC AR4, y ahora los RCPs que se utilizaron en el AR5), lo cual si bien es una aproximación científica a ese problema, no elimina el hecho de que el escenario real que los humanos van a seguir es absolutamente desconocido, y puede muy bien ser absolutamente distinto en función de una infinidad de posibles eventos tecnológicos, sociales y políticos.
  • Aún asumiendo la utilidad de los escenarios en el contexto del clima terrestre es necesario comprobar que los modelos son capaces de reproducir el clima futuro (no, reproducir sólo el clima pasado no sirve, entre otras cosas porque no tenemos certeza de cuál era el clima pasado), algo que de momento no se ha producido (más bien se ha producido lo contrario), y que por la propia naturaleza de los datos (las tres consideraciones anteriores) requiere décadas si no siglos para que alguien se pueda poner campanudo con las proyecciones de los modelos.

Como decía al principio, leía ayer que una tal Manola Brunet (codirectora de una de las colmenas del enjambre,  el OPACE 2) va a ascender a la cúspide de la colmena, y el ABC lo celebra con una entrevista:

Manola Brunet: «En 2050, Sevilla tendrá el clima que ahora tiene Marruecos, y Cataluña, el de Sevilla»

que inmediatamente despeja cualquier duda que pudiera quedar sobre el principal objetivo de la Comisión de Climatología que va a dirigir.

Ya no suelo comentar estos asuntos en blogs o en medios, me parece un asunto en el que hay muy pocos avances significativos, y aunque sigo leyendo a menudo a Judith Curry, casi a diario (porque son amigos en Facebook) a Anthony Watts, Roy Spencer o Luboš Motl, e incluso me siguen llegando a mi bandeja de correo los delirios alarmistas de Skeptical Science, ya no sigo de cerca el debate científico. En cualquier caso ayer dejé un comentario en ABC que al final se ha colocado entre los más votados:

Sobre el primer punto precisamente hace unos días se publicaba en WUWT una simpática entrada. Sobre el segundo basta con echar un ojo a este gráfico.

Se me quedaban cosas en el tintero (toda la entrevista es un despropósito), pero una es a mi parecer especialmente relevante. Dice Manola en un apartado de la entrevista que

Como profesora visitante de la unidad de investigación climática de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), uno de los centros de referencia mundial en el estudio del clima, vivió en su propia piel a finales de 2009 el llamado «climategate», el «hackeo» y filtración de los correos electrónicos personales de algunos de sus científicos, con los que se les quiso acusar de que estaban inflando el cambio climático.

«Fue acongojante, el equipo vivió fuertes crisis de ansiedad, porque no entendían cómo sus emails discutiendo sus hallazgos, en un intento de hacer su trabajo lo más honestamente posible, eran llevados a primera plana y a las televisiones de todo el mundo acusándoles de manipular los datos». Lo recuerda con tristeza, y reconoce que recibió amenazas de muerte, que denunció ante los Mossos d´Esquadra.

Hay que tener cuajo para decir eso (porque asumo que no lo piensa), muestra una deshonestidad abrumadora especialmente cuando tienes en cuenta que viene de una persona que habla como científico experto en Clima, y que por tanto está haciendo uso de su autoridad. Pero lo cierto es que a pesar del lavado de cara que intentaron hacer in extremis, cualquier que haya echado un ojo a los correos puede comprobar la pestilente praxis de los paladines del Calentamiento Global (hay muchísimos relevantes, WUWT fue el primer blog en hacerse eco del filtrado de los emails e hizo un seguimiento minuciosoJudith Curry se pasó al escepticismo precisamente a raíz del escándalo en 2009 y reflexionaba sobre ello cinco años después; por no hablar del truco de MikeMichael Mann, uno de los principales Popes del alarmismo- para construir el famoso palo de hockey con las temperaturas del último milenio).

El Climategate debería haber sido la tumba del alarmismo climático, pero es un monstruo con muchas cabezas, muchas gubernamentales, pero también privadas como las compañías de energías renovables, o religiosas como los lobbies ecologistas, y además todo ese entramado de intereses tiene una enorme inercia política y mediática que podría mantener el tinglado vivo durar años. Sin embargo el tiempo no juega a su favor, y muchos tenemos esperanzas de que poco a poco la gente (junto con los políticos y medios) se terminen de dar cuenta de que todo el asunto es una mezcla de mala ciencia, oportunismo, intereses económicos y propaganda.

Pero de momento parece que la nueva directora de la sección climática de la Sociedad Meteorológica Mundial ha dejado claras sus intenciones: seguir ofuscando la realidad (o más apropiadamente en este caso, ofuscando el desconocimiento de la realidad -climática), ocultando el sesgo político que ha contaminado la climatología como área legítima de investigación, y disimulando el hecho de que estamos ante una ciencia inmadura, con nula capacidad predictiva con los conocimientos y herramientas de las que disponemos hoy.

En resumidas cuentas, Manola ha apostado por la Climastrología, el arte de hacer pronósticos arrogantes y apocalípticos sobre el futuro de la Tierra, en el marco de una Ciencia legítima pero no lo suficientemente fiable como para hacer predicciones, o tan siquiera de plantear teorías que pudieran ser falsables en el corto y medio plazo.

Climastrology

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